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miércoles, octubre 14, 2009

Otra vez la luna y el sol

Antes de entrar en el tema es necesario hacer una aclaratoria fonética: Usted habla con fonemas, son los soniditos que usted mezcla para formar palabras, luego oraciones, luego discursos y chistes y comentarios y dale. Pero todo nace en el fonema, fonéticamente hablando.

Hay distintas clases de fonemas, y para lo que le quiero contar debe saber que existe el fonema del tipo oclusivo o explosivo, que es el que nace de una explosión en la boca tras librar una obstrucción total del aire. Ejemplo, la [p] o la [t] del español. Ambas son oclusivas, ambas son explosiones que se hacen en distintos puntos de la boca. La [k] también es una oclusiva, que se hace en el velo del paladar (justo antes de llegar a la úvula o la “campanita”). Este punto (el velo del paladar) es el punto de articulación de la oclusiva [k], pero también lo es de la oclusiva [g] (en español, piense en gatos para entender la pronunciación de este fonema). La única diferencia es que la [g] es sonora, la [k] no. Pruébelo: ponga su dedito en la garganta mientras hace una serie de [k]s sin ninguna vocal que acompañe, ahora haga una serie de [g]s; notará que en la última hay una vibración, en la primera no. Esta vibración es la sonoridad de la [g] frente a la sordez es la [k]. Comprendido esto, podemos comenzar a bailar.

Estudiando el japonés me encontré con las divertidas palabras que designan los colores básicos. Está Midori para el verde, Akai para algo rojo, Kuroi para algo negro y así. Me llamó especial atención el par que designa a las cosas doradas y las cosas plateadas: Kin iro y Gin iro, respectivamente (se pronuncia como se lee). Kin se escribe con un ideograma específico que representa la noción del oro o lo dorado; así mismo Gin, siendo iro el que designa que se está hablando de algo que es de ese color. Me hizo pensar esta dicotomía en aquel experimento en el que se trataba de comprobar si los sonidos, o fonemas, tienen alguna relación profunda, nebulosa y perdida con el objeto que designan. Es decir, que en la palabra “mamá” los sonidos m-a-m-á tiene alguna relación con aquel ser que engendra. Parece absurdo, sabemos ya que hay muchas lenguas que no hacen la más mínima M a la hora de decir madre, ejemplo “Okasan” en el japonés. Sin embargo algunos sonidos dejan dudas. Cabe destacar la conjunción SL en el inglés, que siempre tiende a significar cosas desagradables: Slime, Slut, Slay, Slaughter. Aún así, sigue siendo terreno escabroso. Lo cierto es que aquel experimento sugería un par de figuras y un par de nombres: Kiki y Buba; y pedía a los sujetos que designaran a las figuras con un nombre. Todos coincidían en lo que ustedes coincidirán:



Sugiere esto que los sonidos oclusivos sordos (KiKi) tienen alguna relación con las explosiones y los picos, en cambio los sonidos oclusivos sonoros (BuBa) tienen una relación con las ondas, o con lo gelatinoso. Pienso entonces en Giniro y Kiniro. Kiniro tiene una oclusiva sorda, relacionada a la explosión y a los picos y designa lo dorado, como un sol. Giniro en cambio tiene una oclusiva sonora, relacionada a las ondas y a lo gelatinoso y designa lo plateado, como la luna. No dejo de pensar, después de eso, que suena bastante solar, la palabra kiniro, y bastante lunar su contraparte. Parece hasta cargar cierto contenido semántico, kiniro, lo dorado, una fuerza oclusiva y sorda, de pico y explosión; giniro, lo plateado, una fuerza oclusiva y sonora, de onda y melodía.

Claro, no hace falta decir lo absurdo que sería sacar una conclusión lingüística de todo esto. A saber, lo de el sol siendo dorado y la luna siendo plateada es una idea bastante occidental. Honestamente no conozco bien la visión de estos astros según los nipones, para poder comparar. Sin embargo no me pueden negar, ahora que la ven, que resulta divertida la coincidencia.

No es un hallazgo lingüístico, pero me gusta imaginar que es un jeroglífico perdido en una sabiduría ancestral. Imaginar no cuesta kikis, después de todo.

martes, junio 30, 2009

Por estos soles (5)





En Maracaibo no son bienvenidos los gatos. Entran en la misma catergoría que las palomas, un poco por debajo de las ratas. De hecho, existen dichos en donde el calificativo "rata" toma un valor positivo, cosa no muy rara en un país donde la astucia truculenta (aquí llamada "viveza: cualidad de ser 'vivo'") es valorada como una cualidad necesaria para tener éxito y ser una persona admirable en la sociedad. Puedes decirle a alguien "eres una rata" celebrando el hecho de que logró cruzar la esquina cuando aún estaba en rojo, ir en dirección contraria y no ser multado, o conseguir, a través de una maraña (sexta acepción), la mejor manera de ganar dinero, a expensas de la economía nacional; pero nunca escucharás a alguien que ande por estos soles decirle a otro "eres un gato".

A pesar de eso hay muchos gatos por estos soles. Muchos. Por las calles, por las casas (la mayoría de las veces sin invitación), por los negocios de comida, por las pizzerías. Son vistos como una plaga, como transportadores de enfermadades, como animales sucios y asociados a lo negativo. Aquí no sólo el gato negro da mala suerte. Aunque no existe la creencia establecida, son pocos los marabinos que se sienten cómodos frente a la mirada de un gato. Mucho menos se sentirán cómodos ante el cariñoso tacto de uno, si es que alguno -con tanta adversión que sienten contra los maltratadores marabinos- se le recuesta a las piernas acariciando con su pelaje. Es popular la creencia de que los gatos, al tocar, producen "empeines" (manchas en la piel), pueden dejar ciega a una persona (con los pequeños pelos que sueltan) y enferman a las embarazadas. Incluso son vistos como símbolo de homosexualidad (vista como una enfermedad por estos soles), y hasta un e-mail cadena anda por ahí resaltando los valores masculinos del perro frente al femenino gato.

No es raro, si uno se pone a pensar. El gato es un animal lunar, esta ciudad es solar. Es poco observada, pensada, dicha, la luna en Maracaibo. Y cuando es dicha, cantada, loada; no es escuchada. El marabino está bajo el sol tanto tiempo que de noche olvida a la luna. Quizá por ahí vaya algo de su rechazo al gato, animal mítico en otras tantas culturas.

Será por eso que los gatos son el blanco predilecto para cualquier caza informal en esta ciudad. Los conductores, especialmente los de camioneta, suelen apuntarles cuando los consiguen cruzando una calle. Se suman puntos si logran darle a uno. Estampados están decenas de gatos en el asfalto derretido de la ciudad. Alfombra de pelos y cosa pegostosa que nadie recoje, que nadie mira, que nadie limpia, que nadie ve. Son gatos, gatos muertos en las calles hay muchos. También hay perros, claro. Pero incluso la mayoría de los perros callejeros consiguen una casa que cuidar. Los gatos consiguen una buena tumba en la carretera.

También se les mata por gusto. Los jóvenes de la ciudad tienen por deporte el amarrarles una bolsa de plástico, o una lata, en la cola tras lo cual el gato huirá irremediablemente del sonido hasta morir de un infarto. Risas de los jóvenes aquí "Ay, chamo, te pasaste" por allá. Risas. Se van.

O con piedras, o con perdigones, o con palazos, o simplemente ahorcándolos. Es un animal que no extrañará nadie, de cualquier forma.

Es por eso que uno, dueño de gatos, tiene que recurrir a castrarlos. Así el gato que viva en una casa no saldrá de la misma, no irá a hacer lo que debe hacer, a ser gato, a ser natural. Un animal sin genitales pero vivo.

Yo no castré a mi gato, porque soñé con tenerlo al natural.



In memoriam: Papa Frita, que lleva 2 semanas sin venir a casa, y vivió en Maracaibo, en donde no son bienvenidos los gatos.


De los gatos y la luna también hablé en esta entrada: La luna en el agua.

lunes, noviembre 24, 2008

La luna en el agua 07



A la que siempre vuelve.

Seguramente, para algunos resulta evidente que el origen de esta nota es el tan sonado capítulo 7 de Rayuela, célebre novela de Julio Cortázar. La verdad es que sí, en un punto de partida, fue ese capítulo el que me llevó a escribir sobre la luna. Pero así como muchas otras cosas, como cuando el capítulo 7 dejo de ser mi favorito para ceder el paso al 93 “Pero el amor… esa palabra”; esta serie de notas pasó por muchas lunas, de muchos colores, como dice aquél haiku.

A mí, la luna en el agua, el espejo reflejado en el espejo, me recuerda a una imagen que solía ver cuando, de pequeño, me cortaban el cabello: habían espejos tanto frente a mí como detrás de mí, entonces podía ver una escena en donde mi ser, y todo lo que me rodeaba, era repetido infinitamente en el reflejo del espejo en un espejo. Estaba, sin duda, contemplando el infinito, ergo, estaba frente a Dios. Estuve masticando esta idea hasta ya adulto y aún no me la saco del sistema, mucho menos cuando leí, hace ya un tiempo, el mencionado capítulo. Desde entonces me he refugiado en la idea de que, tanto en la imagen de un espejo reflejando a un espejo, o la imagen de una cámara grabando lo mismo que refleja, o en un buen beso, estabas frente a la presencia del infinito, por lo tanto, de Dios.

En la luna en el agua sentí la divinidad, y la certeza de que estamos mucho más juntos de lo que pensamos.

Carlos J. Díaz
Kaze





Para cerrar, les regalo un cuento del budismo chan, que nos trae la luna de china.

Había una vez tres maestros chan llamados Yen Tou, Hsueh Feng y Chin Shan, que se reunieron para tener una charla. Señalando un cubo lleno de agua limpia, Hsueh Feng intentó hacer un comentario, pero Chin Shan se le adelantó recitando el siguiente verso “La luna llena está en el agua clara”.
Al oír esto, Hsueh Feng protestó diciendo “En el agua clara no hay luna llena”
El siguiente fue Yen Tou. Sin decir una palabra, dio una patada al cubo y se marchó.

miércoles, noviembre 19, 2008

La luna en el agua 06


Y bajo los pies.

Es muy poco lo que la gente de Maracaibo mira al cielo.

Probablemente, y con mucha razón, tenga que ver con el inclemente sol que se pasea entre las nubes, “dándose bomba”, de ser lo más apreciado de la ciudad. Seguramente el astro se creyó eso de que Maracaibo es “la tierra del sol amada”, pero nada de eso quiere decir que esta tierra ame al sol.

Debe ser por eso que incluso en las noches, cuando el sol se ha ido, el maracucho no note que ya el cielo cambió de color y de forma, que ahora tiene estrellas y que, además, hay una luna en lugar del sol. Puede que haya un miedo oculto en el maracucho de que esa bola blanca en verdad sea el sol disfrazado y que cuando pose su mirada en ella, se convertirá y volverá a derramar su sorprendente calor.

Pero la luna insiste. Y no bastándole con presentarse cada noche con un traje distinto en la calurosa ciudad, se coló también en la imagen religiosa más representativa del pueblo marabino: La virgen del Chiquinquirá.

Conocida también como “La Chinita”, esta representación de la virgen apareció cierto día reflejada en una tablita que llegó a las orillas del Lago de Maracaibo. Tal tablita la recogió una viejita que lavaba la ropa en ese momento. Fue grande la sorpresa que la anciana se llevó cuando, al llevar la tabla a su casa, ésta refleja en su superficie un grabado de una virgen que, cuentan las historias, brillaba. Desde entonces ha sido representada en varias ocasiones y formas. Siempre con su niño en brazos, su traje bicolor entre rojo y azul que recuerda a ciertos personajes de las barajas del tarot, y una luna creciente bajo sus pies.

Han pasado los años, esta ciudad de ha llenado de ladrillos y cables, de ilusos y plásticos, de páginas y memorias olvidadas; pero la Basílica de la Virgen del Chiquinquirá, lugar donde permanece la famosa tablita, sigue en pié; y también continua la Feria de la Chinita, que celebra su llegada a las orillas del lago, cada 18 de Noviembre. Con la feria llegan las gaitas, los tambores, una calle completa llena de luces y decorados de navidad, los amaneceres musicales en víspera del día de La Chinita, el juego de beisbol en su honor, los borrachos (hay quien dice que las ferias de la Chinita son bacanales), los toros y demás colores alegres y no tan alegres; y con todo esto también la luna celebra seguir bajo los pies del objeto a celebrar. Ahí, para que la miren.

Lamentablemente para la luna, a cada feria que pasa es menos lo que se mira a la virgen y más lo que se mira la muerte de los toros, el licor, el nuevo agregado amanecer reguetonero o vallenatero, las luces del encendi’o de Bella vista. ¿Será que el maracucho es un ser con un rechazo biológico a la luna y así a lo que ella representa? ¿Tendrá eso que ver con el marabino que le huye a las emociones profundas, plateadas, lunares? ¿El marabino que huye, huye y huye?

Aun así, téngalo por seguro, la luna no se rinde. Si ya apreció bajo los pies de la Virgen, seguramente ahora aparecerá bajo una botella de cerveza o bajo un los pies de un reguetonero. Porque la luna es así, como el agua, se mete entre las rendijas, entre los espacios más pequeños.

Siempre, por más que escape uno, tiene un agua, una luna, una emoción atravesada.

Por eso, yo, desde un principio, miro al cielo, o al agua.


Nota: Es cierto. No lo publiqué el lunes. Pero los que viven en Maracaibo entenderán que un lunes 17 de Noviembre es raro estar frente a un computador. Adjunto a la entrada les dejo este video de la feria del año pasado, a los que no son de Maracaibo les vendrá bien ver un poco del color de estos soles.

Carlos J. Díaz
Kaze

lunes, noviembre 10, 2008

La luna en el agua 05



En las noches, esas, que no están




Me salí del entramiento habitual para mirar la luna mientras tocaba una ocarina. Descubrí, con mucho agrado, que se me daba bien ese instrumento, aunque no fuese más que una réplica sacada de un juego de video. Lo cierto es que a la luna pareció gustarle mi tonada ya que, mientras tocaba, he sentido como me ha mirado ella a mí. Ah, bueno -me dije- entonces la miro yo a ella también.

Pero no pude evitar cerrar los ojos:



“Sólo para locos” Herman Hesse

Y justo después de mirar a la luna, abre la puerta y se entrega al humo, las luces tenues y todo ese jazz. Sonaba un tango, y ella estaba en la pista de baile, esperando para invocar un piso. Dejó el libro en una mesa, no se fijó de quién, y le dio la mano. Bailó el tango.

La ciudad no eras vos
No era tu confusión de lenguas
Ni de sexos
No era el cerezo que florecía – Blanco –
Detrás del muro
Como un mensaje de oriente
No era tu casa
De múltiples amantes
Y frágiles cerraduras.

La ciudad era ésta incertidumbre
La eterna pregunta ¿Quién soy?
Dicho de otro modo ¿Quién sos?

“De quién el tango” le preguntó. “De Cristina Peri Rossi” le respondió, se acomodó la falda, y se sentó. Él buscó un cigarrillo en su bolsillo y se lo dio. Ella lo encendió con el que se le acababa.

Pensó entonces en lo que le habían dicho, que la luna era un punto definitivo, ahí en la noche. Que las estrellas son puntos y seguido. Pero la luna no, la luna es definitiva. “Aja, ¿Y por qué se repite? ¿No es definitiva, pues?” Le dijo ella en medio de una bocanada de humo. “Qué se yo. Quizá lo definitivo se repite, para acabarse siempre otra vez”

Entonces se derritieron las paredes, la barra, la música, el humo. Sólo ella y él quedaron. Ella y él y un árbol que deshojaba páginas escritas. Ellas las miró caer. Él tomó una y la leyó.

“Te has ido
Y una luna sucia flota sobre el agua
Te has ido
Y ya no me queda nada por hacer
Solamente meterme al lago,
Coger con cuidado a la luna sucia
Y limpiarla con mi manga”

“De quién el tango” Preguntó ella “De Jairo Anibal Niño” Dijo él.

Entonces el piso se invocó. Era uno de agua. Él comprendió que no necesitaba tener raíces, el árbol aquél, que ya no tenía hojas sino plumas; y que ya no necesitaba mirar a la luna en el cielo, pues ella ahora bailaba, ahí, en el agua.

“… como una luna en el agua.”


Carlos J. Díaz
Kaze

lunes, noviembre 03, 2008

La luna en el agua 04


Del lago de Maracaibo.



Se me ocurrió, mientras veía la sonrisa del gato de Cheshire sobre el obelisco de la plaza de la república, que la gente de esta ciudad podría tener cosas interesantes que decir sobre la luna. A todas estas, la literatura, los mitos y las cosmogonías las hacen los pueblos y este pueblo del lago es, definitivamente, uno. Entonces, pensé, seguramente habrá una luna muy interesante que descubrir en su imaginario. Fue por eso que les hice un seguimiento a unos cuantos, de distintos sexos, etnias, edades, y círculos sociales para poder registrar al astro que tanta curiosidad me da. Estos fueron algunos resultados.

Una estudiante de medicina aseguró que “la luna era de queso, pecorino, amarilla y con puntitos. Que hay días que sí tiene conejo, y hay otros días que no. Hay días que está en una cueva en la que no hay nada” Entonces sonrío y me dijo “Me cambió la vida, mucho. Pero ahora me da igual, le tengo aprecio. Claro, ya no estamos hablando de la luna – el satélite” Yo sonreí también, pues conozco a esa luna de la que hablaba la pre médico, pues también a mí me cambió la vida.

Otra estudiante, esta vez de letras, me dijo “Tiene control sobre todo, y uno no puede evitarlo” hizo una pausa, como recordando algo, y entonces concluyó “y da arrechera*
Esa misma noche aproveché encontrarme con una amiga de una amiga, que no me conoce mucho, y le pregunté. Su respuesta fue “Ajá, ‘ta ahí. ¿Qué tenéis? ¿Estás tú con tu vaina de la wicca todavía?” Yo no respondí con más que una sonrisa.

Una de las respuestas más elaboradas la obtuve de un compañero de la biblioteca, el que me dio un discurso sobre la luna mientras ayudaba a un niño a realizar una maqueta de un Ipod de anime. Su respuesta fue algo así “Es el satélite de la tierra, el único que tiene. Rige los aspectos psíquicos del ser humano, porque rige el agua y el agua en el ser humano es el 70%. Además que el líquido es emoción, entonces rige todas las emociones de los humanos. Ahora, los seres auto realizados no dependen de la luna. Crean su propia luna interna para que la luna de afuera no los afecte. No dependen de los cambios. La luna hace eso, cambios. Cambia todo, la marea, las cosechas, los humores, todo. Pero los seres auto realizados trabajan con el sol. Así llenan de energía positiva a sus moléculas crísticas*. Los que trabajan con la luna son magos negros, llenan sus moléculas crísticas de la energía lunar, que es negativa. Es una energía fría, opaca, negativa, la de la luna. Aunque también es muy maternal

En el segundo que me volteo, otra compañera de trabajo me da su opinión “La luna es una más de las cosas hermosas que creó Dios

Los niños no tardaron en responder, ahí mismo formaron debate:

Es bonita. La luna es muy bonita, cuando está llena. Ah, sí, y cuando está de piquito” Aquí debo acotar que sonreí, porque recordé la luna que me hizo escribir esta nota.

Es un planeta congelado” Dijo otro de los niños.

No sé, es una estrella” Dijo otra compañera de trabajo, y luego agregó “¿No tiene luz propia?
No, no tiene luz propia” Explicó la supervisora del personal “por eso es que tiene 4 fases, porque refleja, a distintos grados, la luz del sol

Me sorprendió ver tantas opiniones diversas, de gente que reflexiona sobre la luna, gente que simplemente acepta las verdades ya dichas sobre la misma, o gente que la siente como representante de algo negativo. Pero lo cierto es que esta parece ser la luna de Maracaibo. Un baile en el lago que guarda historias íntimas, es de queso, planeta congelado, ente negativo que no tiene luz propia, y reina de las aguas y la magia negra.

Yo, particularmente me abstuve de dar mi opinión acerca de la luna en cada mini entrevista, ya que no quería ensuciar la fuente. Mas lo cierto es que para mí, la verdad, es todo eso y más. La luna es una vieja amiga, es un viejo, amor, es un planeta congelado en el interior (recordemos a las sombras y la luna del tarot), regente de las emociones y las aguas, y creación hermosa de quién sabe quién que se emborrachó la noche de la creación. Quizá Li Po fue Dios y creó a la luna en su borrachera, y finalmente fue tragado por su creación. Quizá ese sea el destino de todo creador. Quién sabe.

Pregúntele a la luna.

Carlos J. Díaz
Kaze




*Arrechera: en el dialecto marabino significa rabia. Personas de Colombia, respiren.
*Crísticas: aunque el DRAE no conoce el término, aparentemente tiene que ver con Jesús Cristo. Crístico es entonces aquello que viene o pertenece a Cristo.








** Aquí un video que realizó Nox para sondear la opinión del marabino sobre el lado oscuro de la luna. Lo que nadie supo era si se refería a Pink Floyd o a el "verdadero" lado oscuro de la luna.

*** Más sobre la luna y Li Po en Margen del Yodo

lunes, octubre 27, 2008

La luna en el agua 03


Entre gitanos


Para mi trabajo de tesis me serví de un manojo de cartas tarot. Sí, las mismas que los adivinos, o las páginas web automatizadas, usan para poder predecirte si tu novio te dejará o no, si tu esposa tiene otro, o si ganarás la lotería y con cuál billete. Claro, yo no usé las cartas para predecir el futuro de mi trabajo, como muchos podrán pensar; sino que me valí de ellas para poder interpretar poemas, ya que, si el tarot puede interpretar gente, ¿por qué no poesía?

Para no irme por los caminos más complicados, ya que estaba comenzando con esa investigación (Todavía hoy la continuo, sólo que con otros textos), elegí un poeta cuyas imágenes estuvieran relacionadas culturalmente con el imaginario del tarot. Nada más y nada menos que a Lorca. Éste fue el poema con el que más me agradó trabajar: “Romance de la luna, luna” del romancero gitano.

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Federico García Lorca

Hay muchas cartas aquí, pero mencionaré sólo a nuestra protagonista: La luna. Nuestra damita plateada tiene, como ya dije en otra entrada, el puesto número XVIII entre los conocidos Arcanos Mayores, que en el tarot representan los grandes misterios. Mas la luna, entre todas las cartas del tarot, se corona reina de los misterios: es el reino de lo oscuro y de lo secreto, donde van a parar todas las cosas en las que no queremos pensar o aceptar. Es el reino de la sombra de las que nos hablaba Jung.

En el poema la luna es la danzarina diosa que baja a llevarse a un niño que, inconsciente de su realidad, no se da cuenta de que ahora pertenece al reino de la dama. Entre hermosas imágenes que, luego me di cuenta, aludían a otras cartas, la luna se pasea dibujando su realidad, llevada de la mano del poeta. “Niño, déjame que baile. / Cuando vengan los gitanos, / te encontrarán sobre el yunque/con los ojillos cerrados”. Siempre sabiendo el destino de las cosas a su alrededor de antemano, es símbolo de lo femenino y su intuición (Aunque, sí, muchas veces me he preguntado si esto pertenece sólo a lo femenino) que sabe todo sin saber, como la sabiduría taoísta. Resulta curioso que el niño, inocencia, estrellita que llevamos dentro, capacidad de sorpresa; esté preocupado por la luna ante los gitanos ¿qué será lo que teme que le hagan? ¿Pueden hacerle algo?

Al final el niño está junto a la luna en su reino. La inocencia se queda, entonces, entre las sombras, y nosotros, adultos, gitanos, la lloramos en la fragua.

Alguna vez escuché que este niño es la estrellita que siempre sale al lado de la luna. ¿Sabe alguien algo de esto?

Felices lunas.

Carlos J. Díaz
Kaze




lunes, octubre 20, 2008

La luna en el agua 02

Y en el bambú

Un viejo cortador de bambú se encuentra, entre bambúes y un resplandor extraño, a una niña hermosa. Se la lleva a su casa y, con su pareja, llega al acuerdo que llamarla Kaguya Hime.
La niña crece, y de ser hermosa, pasa a ser una belleza mítica, plateada, como fuera de este mundo. Con tal belleza era de esperarse de que tuviera muchos pretendientes, pero Kaguya Hime no estuvo interesada en ninguno de ellos. Tal fue su desinterés que, a los cinco más persistentes, les puso pruebas imposibles de superar. Todos fallaron. Sin embargo, tal fama de belleza inalcanzable llegó al oído del emperador, el cual fue a comprobar con sus propios ojos la verdad de este rumor.

Ni el mismísimo emperador pudo resistirse a los encantos de Kaguya Hime.

Luego se reveló la razón por la que Kaguya Hime no aceptaba ningún pretendiente. Resultó ser hija de la luna, que bajó a la tierra a cumplir una penitencia y, ya pasado el tiempo, debía volver.

Esto entristeció al viejo y, mucho más, al emperador, el cual hizo lo posible por impedir el traslado de la princesa lunar a su verdadero hogar. Mas todo fue en vano. Luego de dejarle una pastilla para la vida eterna a sus padres terrenales, y una carta al emperador, Kaguya Hime partió a la luna para nunca más volver.

Sus padres no querían ser eternos sin su hija, así que le dieron la pastilla al emperador. Éste, tampoco interesado en el bien de la vida eterna sin Kaguya, quemó la píldora, junto con una carta de respuesta para la princesa, en la cima del monte Fuji, el lugar más cercano a la luna en Japón. Desde entonces se puede ver un hilo de humo que asciende desde el monte a la luna, las palabras eternas del amor del emperador por Kaguya.

Este cuento, lo sabrán muchos, no es mío. Lo he reescrito – mala maña de cuenta cuentos – para que lo pudieran leer en el blog. Aun así, a los más interesados, les dejo links en donde pueden encontrar una versión en inglés y una versión en español del mismo cuento.

Aquí en inglés
Aquí en español

Se trata de Kaguya Hime, o "La hija del cortador de bambú": uno de los cuentos más representativos del folklore japonés, y data del siglo X. Tiene relación con otro cuento llamado Banzhu Guniang, así como con millones de referencias en el cine, en la literatura, en los videojuegos y en el manga. ¿Cómo no ha de tener relación, si todo en la luna es espejo?

La verdad es que me he encontrado con el cuento en el libro “Mi nombre es Sei Shônagon” de Jan Blensdorf, el cual retrata una interesante estampa del país del sol naciente.
Más sobre la luna y Japón, y sobre lo que la luna tiene la costumbre de traer en las noches, pueden encontrar en el blog Margen del Yodo, de Aurelio Asiain.

Finalmente, les dice este loco que a veces le habla a la luna, no le envíen tantos mensajes, tantas cartas quemadas en altos montes… ella escucha mientras menos se le habla.


The Bamboo Princess by ~flightless-angel on deviantART


Carlos J. Díaz
Kaze

martes, octubre 14, 2008

La luna en el agua 01



La primera vez que vi la imagen de Devendra Banhart pensé que era una persona árabe o del medio oriente. Su tupida barba, como anaquel en árbol viejo, parecía guardar infinitas historias. Sorpresa sentí al saber su corta edad y su procedencia. Es Venezolano como yo.

La segunda pasada de mis ojos por su imagen fue más profunda. Me atrevo a decir que esta vez participaron mis otros ojos, los que ven las cosas que no se ven; y vi a un ser iluminado. Su sonrisa, de niño diciendo la verdad, me daba paz.

La tercera vez fue para leer lo que decía la entrevista que, en una revista de domingo, mostraba sus rostros. Confirmé lo que mis otros ojos me dijeron. Sus respuestas estaban escritas, sin embargo, podías escuchar la serenidad de su voz, la tranqulidad ante las preguntas, la entrega al flujo secreto de la vida, a ese río misterioso.

La cuarta (o carta) vez escuché esta canción, y comprendí que me hablaba.

Los que me conocen, o los que me leen, saben que la luna habla conmigo de vez en cuando, que entre luces moradas me cuenta las historias de su pasar por el pasillo celeste. Saben también - y si no lo saben, les cuento - que La Luna es una de mis cartas favoritas del tarot. Y me parece sorprendente que el señor Devendra, muy probablemente sin intención, retratara el espíritu de esta carta en esa canción. Como podrán ver, la luna en el tarot es un ser que reposa en un mundo de sombras, que espera algo, que es llamada o respetada o guardada por un par de perros por los que todos hemos sido despertados alguna vez; y que es guardiana de un mundo ulterior que no podemos ver, pero que, tal como todo en el reino de la luna, si cerramos los ojos, podremos sentir.

Luego viene Devendra, fluyendo en el río, "es el perro a los pies" y se queda sin nombres. Canta esta canción con la luna, y de manera que no prentendo explicar aun, la luna lo puede escuchar. Yo también siento que, a veces, espero a alguien que se "denamora".

Espero, verdaderamente, que bailen eternamente en el mundo que nadie nunca dibujó.

Aquí les dejo la tonada del amigo Devendra.



Y como dirían los finales de capítulos de series ochenteras y noventeras "esta entrada continuará..."

Carlos J. Díaz
Kaze