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martes, enero 11, 2011

Hay algo en las palabras

Conversan como si eso pudiese cambiar el sentido en el que gira la tierra. Y quizá sí puede, pero esta transformación jamás podría venir de una simple conversación consciente. En la marea de las palabras hay un sonido perdido y olvidado. Se comporta como una pulsión: un deseo de encontrar este sonido, o algo parecido a él, es el que va generando nuevas palabras que explican nuevas cosas, pero que no son esa cosa que no es cosa que es sonido que no encontramos.

La razón por la que inventamos el lenguaje es esa: queremos recobrar el sonido perdido, para aprender a dominarlo y así, abrirlo por siempre.

miércoles, octubre 14, 2009

Otra vez la luna y el sol

Antes de entrar en el tema es necesario hacer una aclaratoria fonética: Usted habla con fonemas, son los soniditos que usted mezcla para formar palabras, luego oraciones, luego discursos y chistes y comentarios y dale. Pero todo nace en el fonema, fonéticamente hablando.

Hay distintas clases de fonemas, y para lo que le quiero contar debe saber que existe el fonema del tipo oclusivo o explosivo, que es el que nace de una explosión en la boca tras librar una obstrucción total del aire. Ejemplo, la [p] o la [t] del español. Ambas son oclusivas, ambas son explosiones que se hacen en distintos puntos de la boca. La [k] también es una oclusiva, que se hace en el velo del paladar (justo antes de llegar a la úvula o la “campanita”). Este punto (el velo del paladar) es el punto de articulación de la oclusiva [k], pero también lo es de la oclusiva [g] (en español, piense en gatos para entender la pronunciación de este fonema). La única diferencia es que la [g] es sonora, la [k] no. Pruébelo: ponga su dedito en la garganta mientras hace una serie de [k]s sin ninguna vocal que acompañe, ahora haga una serie de [g]s; notará que en la última hay una vibración, en la primera no. Esta vibración es la sonoridad de la [g] frente a la sordez es la [k]. Comprendido esto, podemos comenzar a bailar.

Estudiando el japonés me encontré con las divertidas palabras que designan los colores básicos. Está Midori para el verde, Akai para algo rojo, Kuroi para algo negro y así. Me llamó especial atención el par que designa a las cosas doradas y las cosas plateadas: Kin iro y Gin iro, respectivamente (se pronuncia como se lee). Kin se escribe con un ideograma específico que representa la noción del oro o lo dorado; así mismo Gin, siendo iro el que designa que se está hablando de algo que es de ese color. Me hizo pensar esta dicotomía en aquel experimento en el que se trataba de comprobar si los sonidos, o fonemas, tienen alguna relación profunda, nebulosa y perdida con el objeto que designan. Es decir, que en la palabra “mamá” los sonidos m-a-m-á tiene alguna relación con aquel ser que engendra. Parece absurdo, sabemos ya que hay muchas lenguas que no hacen la más mínima M a la hora de decir madre, ejemplo “Okasan” en el japonés. Sin embargo algunos sonidos dejan dudas. Cabe destacar la conjunción SL en el inglés, que siempre tiende a significar cosas desagradables: Slime, Slut, Slay, Slaughter. Aún así, sigue siendo terreno escabroso. Lo cierto es que aquel experimento sugería un par de figuras y un par de nombres: Kiki y Buba; y pedía a los sujetos que designaran a las figuras con un nombre. Todos coincidían en lo que ustedes coincidirán:



Sugiere esto que los sonidos oclusivos sordos (KiKi) tienen alguna relación con las explosiones y los picos, en cambio los sonidos oclusivos sonoros (BuBa) tienen una relación con las ondas, o con lo gelatinoso. Pienso entonces en Giniro y Kiniro. Kiniro tiene una oclusiva sorda, relacionada a la explosión y a los picos y designa lo dorado, como un sol. Giniro en cambio tiene una oclusiva sonora, relacionada a las ondas y a lo gelatinoso y designa lo plateado, como la luna. No dejo de pensar, después de eso, que suena bastante solar, la palabra kiniro, y bastante lunar su contraparte. Parece hasta cargar cierto contenido semántico, kiniro, lo dorado, una fuerza oclusiva y sorda, de pico y explosión; giniro, lo plateado, una fuerza oclusiva y sonora, de onda y melodía.

Claro, no hace falta decir lo absurdo que sería sacar una conclusión lingüística de todo esto. A saber, lo de el sol siendo dorado y la luna siendo plateada es una idea bastante occidental. Honestamente no conozco bien la visión de estos astros según los nipones, para poder comparar. Sin embargo no me pueden negar, ahora que la ven, que resulta divertida la coincidencia.

No es un hallazgo lingüístico, pero me gusta imaginar que es un jeroglífico perdido en una sabiduría ancestral. Imaginar no cuesta kikis, después de todo.

martes, septiembre 22, 2009

Por estos soles (8)


Por estos soles se cree en la magia de la palabra. Ésta tiene fuerza y densidad espiritual, el sólo decirla es conjurarla, es hacerla realidad. Es por eso que los hablantes de Maracaibo tienen mucho cuidado con las maldiciones. No escucharán a cualquier marabino dispararle a alguien un “Maldito” sin razón alguna; de hecho, prefieren ante nada cambiar el fonema y así quitarle poder: los maracuchos dicen “mardito” antes que “maldito”. “Es que cuando le decís, vos sabéis, la palabra esa, la vaina es en serio” te explican.

¿Tendrá vigencia esta creencia? ¿Tendrá densidad?

Quién sabe. Yo mismo, hablante de esta ciudad de soles, tengo cuidado de pronunciar la palabra. No me sale de la boca, no sin causar la molestia ósea que producen las palabras no aceptables por la normas por razones menos místicas, como por ejemplo: Emprestar, Inglesia, Ciudac, y otras impronunciables. Escribir “maldito”, no hay problema; la magia está en la voz, en la vibración del aire, creemos.

“Es una palabra fuerte” me dice una viejita imaginaria “verga, que si no. Imaginate que cuando yo estaba de lo más arrecha le dije a Rafito, vos sabéis, la palabrota esa, y en ese momentico le cayó un rayo a la virgen que mirá…

Ahora bien, caminando en maracaibo, te encuentras marditos en cada esquina. La variante "debilitada" de la palabra es usada tanto como el simple "hola".

Explicaciones lingüísticas no se me ocurren. A todas estas el fonema vibrante /rr/ es característicamente más fuerte que el lateral /l/, así que por énfasis no creo que sea. Lo que sí se me ocurre es que la lateral es notoriamente más fina, aunque requiera de menos esfuerzo articulatorio que su fonema compañero el vibrante. Es como si la lateral le diera una densidad filosa a la palabra, cortopunzante, plateada; y la vibrante tuviera las características propias de los golpes amistosos, ese humor invasivo y dicharachero, tan solar y maracucho. Así la lateral queda con una cadencia plateada, como lunar, y ya sabemos que los maracuchos no se la llevan bien ni con la luna ni con sus amiguitos secreteros. Y ahí que vacilen antes de usar el filo de un maldito antes que la machacada vibrante de un mardito. Pero esto no es lingüístico, es de locos que hablan con la luna.

¿Será que la virgen, montada en la luna, se sintió ofendida y de verguenza se le reventó la cara?

¿Qué se nos reventará a nosotros ahora?





Nota para los extranjeros: En el español de Maracaibo la palabra “arrecho” tiene un significado relacionado a la furia, muy distinto al significado que puede tener en México o en Colombia.