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sábado, marzo 19, 2011

De poesía

Qué voy a saber yo de poesía
si lo mío es un empeño tan distinto:
Respirar correctamente
a todo momento
y masticarme vivo.


Ni una puta idea del ritmo
o melodía.
Toda música aquí es
accidente planificado
en una lectura que no recuerdo ahora,
y que ya no es
música.

Más sabe de poesía el pastelitero,
de papa y queso:

‘Jamón metasensorial’.
Tan una palabra tuya,
mirá.

Él no:
él sirve lo que le piden,
cobra lo que le dan
y sonríe.
Jurá que te echa un chiste
con ritmo
y melodía
mientras el quesito puntúa.

Yo no sé nada de poesía, viejo.
Él sí.
Y yo, que no,
no la estudio porque hoy:
(especialmente hoy)
tengo hambre.

jueves, marzo 10, 2011

5 céntimos por un deseo.




Las monedas de 5 céntimos en Venezuela no se usan para ningún fin comercial. Tendrías que reunir muchas de ellas para que tuvieran algún valor mínimo, apenas suficiente para una chupeta de mal sabor. Por eso nadie las usa: nadie las recibe, ni los limosneros que te las lanzarán a las ventanas del carro si se las llegaras a dar. Los únicos imbéciles que las dan, a los máximos imbéciles que las recibimos, son los operadores de estacionamientos que, por tener una tarifa tan fija y regulada, no les queda de otra que usarlas para completar los vueltos (cambios).

Pero hoy, día distinto por no ser ayer ni mañana, @anaranta y yo fuimos a dar al centro comercial Sambil, en donde cobra estacionamiento el mismo operador que efectivamente nos dio 5 moneditas de 5 céntimos. Las tomé, a pesar de que ya parece ser costumbre dejarlas tiradas en el cenicero más cercano (al pasar vi un montón), y anduve con ellas en la mano, contándolas una y otra vez, como aquél personaje de Murakami, burlándome de mí mismo.

Pensé en tirarlas, en arrojarlas con fuerza contra los pilares para ver qué sonido metálico producían, qué nota o qué tono, pero entonces vi la fuente. Le di tres monedas a @anaranta y dos me las quedé yo. Le tomé la mano, miramos la fuente, y sin decirnos nada, rezamos cada moneda con un deseo. Primero yo, pluc, pluc. Luego ella, ojitos cerrados, pluc, pluc, y pluc. Aplaudo, como si fuese un santuario shinto, no vaya a ser que los japoneses, de nuevo, tengan razón; y nos vamos.

Le pregunto qué deseó. Automáticamente me responde -no te puedo decir -, por aquella vieja costumbre de que deseo dicho es deseo que no se cumple. La convencí de que no tenía que ver, que esos espíritus de la fuente no eran tan quisquillosos si se dejaban montar un Sambil alrededor. Me contó que pidió por los dos primeros deseos felicidad para sus sobrinos, y un tercero que no les contaré. Le conté, no sé por qué, que esos espíritus, atraídos por el agua, no podían asegurar algo tan grande como la felicidad entera de un ser vivo. Que era mejor pedirles algo concreto. Yo lo hice. Pedí dos cosas que podía tocar, y que se las podía dar a ella.

Habrá que esperar a ver si los espíritus son tan amables y aprecian los 5 céntimos que, en valor comercial, no valen nada, pero medido en gesto, ojitos cerrados, pluc, vale por un deseo.


martes, noviembre 24, 2009

Por estos soles (10)


Foto por: Visual-Shoxx

Por estos soles celebramos a una virgen que creemos solar. También creemos que lo más representativo de Maracaibo “La tierra del sol amada” es el sol, precisamente. Pero no. El epíteto delata que lo amado en la frase no es el sol, sino la tierra, y aún así no se menciona lo más representativo, lo más simbólico de Maracaibo. No, no son los bastante representativos pastelitos. No, no son los muy simbólicos patacones. No, tampoco es la muy destacable Feria de la Chinita.

Es el lago. Y por allá, al escuchar su nombre, el lago voltea “¿Qué, yo?”

Incluso la virgen lo corrobora:

Resulta que tenemos una imagen religiosa que es una virgen. Ahora bien, esta virgen cuando se enoja –pueden preguntarle a cualquier maracucho devoto- enseguida manda “palos de agua”: aguaceros que en una tierra tan desértica como Maracaibo siempre agarran por sorpresa. Interesantes conclusiones podemos sacar de aquí:

1) Una virgen no se enoja. Tiene más la característica de una deidad.
2) Una deidad del sol no se manifiesta a través del agua.

La virgen del Chiquinquirá quizá sea más una deidad del lago, que una virgen del sol. Una deidad que está en su templo, muy cerca de su fuente, de donde no ha podido ser movida, desde donde observa cómo chupan la energía de su lago para llevarla a distintas partes del mundo. Si esto es cierto, resultaría una lástima que Maracaibo haya crecido de espalda al lago: sin sacarle más provecho que la extracción de petróleo y ser el retrete del estado Zulia, puesto que, para los que no lo saben, todas las aguas negras de este estado van a dar al lago, corroborando la conciencia ecológica del zuliano.


Me gusta imaginar al lago como una deidad tranquila y apacible, que hemos tenido la suerte de no enojar demasiado, pero que un día, de tanta basura, de tanta literal mierda que aguanta, vaya a vomitar sus cuatro verdades.


En tiempos de Feria, en donde esta deidad sirve de excusa para beber hasta emborracharse en los ahora “amaneceres reggetoneros” y actuar con más desinterés social que de costumbre; es importante tener cosas como ésta en mente.

Para más información, paséese por las etiquetas de la entrada. Ya el blog ha tocado este tema antes.

martes, noviembre 03, 2009

Por estos soles (09)




Por estos soles se celebrará el “tradicional” encendido de luces de la Feria Internacional de la Chinita. Se trata de un conglomerado de adornos a cada faro, cable, arbolito, arbusto, ventana, cerca, estatua, fuente o simple perro callejero con muy mala suerte; en los que abunda una exagerada cantidad de luces amarillas o amarillentas. Por ahí un tipejo creyó recitar un poema al decir que Maracaibo era la ciudad cuyo “noviembre era soleado hasta en las noches”. No es que la idea de tener más horas de sol alegre a un Maracucho, pero más o menos ilustra la idea.

El encendido de luces se lleva a cabo en el marco de la Feria de la Chinita, feria de la que ya he hablado en este blog, y de la que seguramente haré otra entrada apenas pase por las fechas clave. Sirve de excusa para todo marabino de salir a emborracharse arropado por un ambiente familiar: bullicio sudoroso y eructado, música estridente en cada esquina que no se pone de acuerdo, turba violenta pero sólo consigo misma, perrilla en cada parada, los mismos juguetes, los mismos vendedores ambulantes, los mismos colores que no haría combinar ni Cupido. Kitsch.

Sin embargo, el encendido tiene un origen más bien adorable. Sucedía en aquella Maracaibo de hace unos 10 o 15 años que cada casa de la llamada clase media se llenaba de luces en navidad. Se podía contemplar belleza luminosa, casas cuyos contornos eran adornados por luces. Aún puede verse esta tradición en alguna que otra ventana de apartamento. Lo cierto es que con el tiempo, más ladrones en la ciudad, menos luces que duraban hasta la fecha clave de navidad, menos posibilidades económicas que llevaban a escoger entre tener pesebre o arbolito o luces; fueron empujando las luces a sus periferias: o había luces dentro de la casa donde no se las pudieran robar, o que las tuviera otro que las pudiera costear. Ese otro fue el estado, cuando en uno de estos años del nuevo milenio se inventó un cuento de ser una ciudad “modernísima” y adornó la calle de Bella Vista tal como se hacía en las casas en aquellos años, y como en Maracaibo la navidad comienza en finales de octubre y se va en mayo, se encendían a mediados o principios de noviembre. Aunque no lo sepan los creadores de tal tradición, todo esto viene a cuento con la idea de, en los meses más oscuros, traer más luz. Aquellas culturas que celebran el Yule o solsticio de invierno saben más de esto. Adorable, en verdad.

Lo que no es adorable es que piensen celebrar el encendido también este año, en el que una crisis energética azota diversos sectores de la nación. No es raro, sin embargo, que al maracucho no le importe nada de esto. Tristemente, por estos soles, tenemos una tradición de conciencia anti-verde. No conservamos nada, no reciclamos nada, no cuidamos nada; a menos que nos obliguen. Basta con ver que también es tradicional el ver a la anciana maracucha lavar la acera a pleno chorro, salir de casa dejando aire y luz encendidos, el televisor encendido en la sala cuando absolutamente nadie le está prestando atención, el muchacho que se arregla el cabello dejando el chorro de agua agonizar en el lavamanos, ir manejando y botar por la ventana el vaso o envase que contenía la basura que se acababa de comer; en fin, podría enumerar hasta que se repita la prehistoria, aunque solo baste decir, para concretar el punto, que sigue siendo tradicional la matanza de toros en la feria de la chinita. Resulta la máxima ironía que, en una Feria para un santo, se asesine sin razón alguna. ¿No era que en la religión católica ya no se practicaban los sacrificios?




Esto no es una cuestión política, puesto que el planeta no toma partido en ningún bando político. Puede ser muy cierto que el problema energético sea ocasionado por mala gestión gubernamental, pero no prestarle atención y, lo que es peor, agravarlo, es como aquél que para aliviar una enfermedad del hígado va al bar a beber un traguito –ustedes saben, sirve para el dolor-.

Tampoco es una cuestión de romper tradiciones: no se trata de eliminar por completo algo que nos identifica como pueblo, es permitir que la evolución humana llegue a nosotros. Una propuesta la hace el equipo de Animanaturalis: Una Llama Anti-Taurina, que consta de un encendido colectivo de velas en una noche específica, para formar un espectáculo de luces naturales y vivas, y así intercambiar una tradición destructiva por una posiblemente constructiva. Es “cambiar las espadas por rosas”, como diría aquel grupo español Mago de Oz.

Y en cuanto a las luces, ya nos toca a nosotros, como pueblo, pensar en qué se puede hacer para mejorar esta tradición, para ver si nos queda planeta en donde seguir siendo maracuchos, en donde siga habiendo soles de los que hablar, para que Perdroso el Oso, la mascota de Cerveza Polar, no se convierta en nuestro destino.






* Una respuesta a esto la da don Exodus.

martes, septiembre 22, 2009

Por estos soles (8)


Por estos soles se cree en la magia de la palabra. Ésta tiene fuerza y densidad espiritual, el sólo decirla es conjurarla, es hacerla realidad. Es por eso que los hablantes de Maracaibo tienen mucho cuidado con las maldiciones. No escucharán a cualquier marabino dispararle a alguien un “Maldito” sin razón alguna; de hecho, prefieren ante nada cambiar el fonema y así quitarle poder: los maracuchos dicen “mardito” antes que “maldito”. “Es que cuando le decís, vos sabéis, la palabra esa, la vaina es en serio” te explican.

¿Tendrá vigencia esta creencia? ¿Tendrá densidad?

Quién sabe. Yo mismo, hablante de esta ciudad de soles, tengo cuidado de pronunciar la palabra. No me sale de la boca, no sin causar la molestia ósea que producen las palabras no aceptables por la normas por razones menos místicas, como por ejemplo: Emprestar, Inglesia, Ciudac, y otras impronunciables. Escribir “maldito”, no hay problema; la magia está en la voz, en la vibración del aire, creemos.

“Es una palabra fuerte” me dice una viejita imaginaria “verga, que si no. Imaginate que cuando yo estaba de lo más arrecha le dije a Rafito, vos sabéis, la palabrota esa, y en ese momentico le cayó un rayo a la virgen que mirá…”

Ahora bien, caminando en maracaibo, te encuentras marditos en cada esquina. La variante "debilitada" de la palabra es usada tanto como el simple "hola".

Explicaciones lingüísticas no se me ocurren. A todas estas el fonema vibrante /rr/ es característicamente más fuerte que el lateral /l/, así que por énfasis no creo que sea. Lo que sí se me ocurre es que la lateral es notoriamente más fina, aunque requiera de menos esfuerzo articulatorio que su fonema compañero el vibrante. Es como si la lateral le diera una densidad filosa a la palabra, cortopunzante, plateada; y la vibrante tuviera las características propias de los golpes amistosos, ese humor invasivo y dicharachero, tan solar y maracucho. Así la lateral queda con una cadencia plateada, como lunar, y ya sabemos que los maracuchos no se la llevan bien ni con la luna ni con sus amiguitos secreteros. Y ahí que vacilen antes de usar el filo de un maldito antes que la machacada vibrante de un mardito. Pero esto no es lingüístico, es de locos que hablan con la luna.

¿Será que la virgen, montada en la luna, se sintió ofendida y de verguenza se le reventó la cara?

¿Qué se nos reventará a nosotros ahora?





Nota para los extranjeros: En el español de Maracaibo la palabra “arrecho” tiene un significado relacionado a la furia, muy distinto al significado que puede tener en México o en Colombia.

lunes, agosto 10, 2009

Por estos soles (7)





Por estos soles me encontré con un perro. Venía camino de regreso a casa, a eso de las 2 y media de la tarde, media hora después de salir del trabajo. El can estaba acostado, o tirado según como se mire, en el estacionamiento de una peluquería pequeña en la misma cuadra de mi casa. No se movía. "Está muerto" me dije, y sin más complicaciones llegué a mi casa.

Pasó el día. Venía de regreso a casa, ya en la noche, habiendo terminado la clase de artes marciales. El perro seguí ahí, supongo que dándose cuenta de que todavía era (me dijo Monterroso) sin moverse ni un ápice. "Está muerto, definitivamente" me dije, y seguí hacia mi casa, pero a causa de la inseguridad y esas cosas que divierten a las madres preocupadas no podía llegar hasta que alguien desde dentro de mi casa me abriera la puerta del garaje para yo tener la posibilidad de meter el carro sin tener que bajarme a abrir ningún portón ni puerta y correr el riesgo de ser atracado.

Pero nadie respondía a mi llamado, nadie me abría la puerta.

Así que seguí manejando dándole vueltas a la manzana y viendo al perro muerto cada vez que pasaba a su lado. En una de esas me pareció verlo moverse. Me estacioné a su lado, bajé el vidrio, y el perro levantó la mirada: me vio. Me miró como diciéndome "Qué, ¿No puede uno estar echado todo el día aquí? ¿Acaso es tuya este pedazo de tierra?". Sonreí. Como no quise entrar en discusión con el can, me fui. "Está enfermo" me dije "seguro mañana amanece muerto, ahí, en el mismo lugar". Al fin pude entrar a mi casa.

Al siguiente día regresaba del trabajo a la misma hora de ayer. El perro no estaba. Más adelante se podía ver a una perra seguida por una jauría. En la jauría, nuestro amigo, caminado a ritmito de cola movida.

"Así que eso era todo" me dije "lo que estaba era despechado".

Y como no toman licor, los perros de maracaibo, se emborrachan de estacionamientos.



martes, julio 14, 2009

Por estos soles (6)


100 gotas, 100 entradas, 100 más.

Tomo esta entrada de una vieja nota de facebook.


No sé si en otras ciudades del mundo esto suceda, sólo he vivido en Maracaibo. Pero lo cierto es que en esta tierra del sol y lago parece dormir un mundo escondido, secreto. Un mundo que resposa bajo las calles y los árboles y el incesante sol; un mundo que espera ser invocado y que, apenas siente la caricia de las gotas, despierta y se muestra en el espejo efímero que se forma en el asfalto.

Sí, cuando llueve, Maracaibo parece bajar la guardia y dejar que ese otro mundo salga. O así me pareciera al ver las calles tormarse espejos sinuosos que revelan un mundo colorido y oscuro, abstracto y suntuoso. A veces siento que ahí se esconde el silencio de esta ciudad, espantado por la estridencia de los rostros, los humores, los gritos, la nasalidad y las cornetas.

Pero sucede que llueve, y entonces el maracucho revive su miedo ancestral a derretirse en la lluvia, se esconde en su casa y se calla para que no lo encuentren; luego el silencio sale, abrazando al agua, y se derrama por las calles.

Curiosamente, justo cuando termino de escribir esta nota, empieza a sonar una gaita desconocida a lo lejos. Ha dejado de llover.

lunes, junio 22, 2009

Por estos soles (4)




Por estos soles no hay demasiadas ranas, a diferencia de los soles de Japón, que parecen llorar renacuajos de cuando en cuando. Claro, no será raro encontrarlas si das una caminata por las riberas del lago; aquellas que, nutridas de follaje anfibio, ofrecen refugio a los cantantes de los estanques.

Ahora, lo que es la ciudad está desprovista de ranas y sapos: el sol, o los chinos de la ciudad, no las dejarían vivas por mucho tiempo. Con esta condición poco anfibia resulta extraño escuchar a Aníbal Rodríguez, por mucho uno de los mejores cuenteros de la ciudad, si no el mejor; cuando relata la historia, quizá conocida ya por muchos, del sapo y la princesa.

No, no es éste el típico cuento de la rana que es besada por la princesa y mágicamente se convierte en príncipe, no; pero hace alusión. Y cabe que destacar que aquí lo adapto, pobremente, al formato escrito: en realidad este cuento es para contarse en vivo.

Cuenta la historia que una bella princesa se sentía inconforme con los príncipes que le declaraban amor. Todos ellos tenían bonitas intenciones; pero ella no quería bonitas intenciones, quería príncipes bonitos. En medio del dilema de tener que rechazar príncipes por no encontrar uno que cumpliera con sus estándares, recordó la historia de aquella rana que, siendo besada, se transformó en un hermoso príncipe con quien pudo construir su feliz para siempre. Así, la princesa, con la idea de encontrar una rana mágica, partió a las orillas más verdes del lago, en donde encontró, sin mucho buscar, un sapo.

"Sapo" le dijo la princesa "Sapito, mirá, ¿Vos sois de los que si yo te beso te transformáis en príncipe?"

El sapo, que no era bobo, le respondió "Sí, claro que sí, ¿No me veis?"

"Bueno sapito, te voy a dar un beso, pero te transformáis" Y la princesa, ante el asco que le producía el sapo: chiquito, verde, y feo; le lanzó un beso en el aire, sin mucho afán, pero al ver que no se transformaba le refutó "¿Qué pasa pues, sapito?"

"No, es que me besaste así en el aire fu fu, no, así no hay magia, así no hay transformación. Tenéis que besarme de verdad"

" 'ta bien sapito. Te voy a besar. Pero te transformáis" Y la princesa, esta vez, lo besa, no sin arrugar el rostro producto del asco.

Pero el sapito no se transformó.


"¿'tonces sapito? ¿Qué pasó?" Reprochó la princesa.


"No, mujer. Me besaste feo, sin ganas, sin cariño. Como si yo fuera una cosa chiquita, verde y fea..." dijo el sapo, luego reflexionó y continuó "bueno, sí, soy chiquito, verde y feo. Pero tenéis que besarme con cariño, con amor, porque sin amor no hay magia. Sin amor no hay transformación" Sentenció el sapo.

Con tal sentencia la princesa se dispuso a imaginar que besaría cualquier otra cosa, cualquier hermoso actor de cine, y lo besó: con pasión, amor y lujuria.


Pero el sapo no se transformó.


Se transformó la princesa, codiciosa, en una mosca que el sapo, hambriento, de un lenguetazo, comió.




Aníbal Rodríguez, hace no mucho, sufrió de un ACV; aún anda en la dirección de cultura de la Universidad del Zulia, y sus cuentos todavía hacen eco en nosotros, los que aprendimos de él.

Este cuento lo pueden escuchar en la BPZ, usualmente, a eso de las 10 de la mañana. Es uno de los cuentos que más disfruto narrar.

Nota: la imágen es un still de la película La Princesa y el Sapo, útima adaptación de Disney del cuento ya citado. El trailer aquí.

martes, junio 16, 2009

Por estos soles (3) y paso III




Por estos soles también zarpó, el pasado viernes, el submarino amarillo, grupo de jóvenes en el cual me incluyo, que con su evento inaugural anuncia atrevida intención de refrescar el ambiente cultural de la ciudad. De traer colores, pues.

¿Pero qué colores? ¿Una ciudad con tanta luz necesita colores?

Ciertamente no necesita más luz ni más calor, mas lo que sí necesita es una mejor y más amplia promoción cultural, especialmente de la literatura. Para nadie es sorpresa: Maracaibo es una ciudad que no lee, y no lee porque le enseñaron que leer era aburrido. ¿Quienes son los culpables? Eso ya no importa, quizá sean hombres de ninguna parte, quizá sean "malosos azules", lo cierto es que hacen falta colores y el submarino los trae.

Sorprende tener que decir que Maracaibo no lee, o mejor dicho, ya no lee; pues resulta impensable que una ciudad cuyos nombres comunes eran joyitas como Hermócrates, Hermes, Melpómenes, Hipócrates, Tolomeo, y otros nombres propios de la raíz de la cultura occidental, no lea. Pero lo cierto es que sí, que los dueños de esos nombres ya tienen 50 o 60 años de edad, y que si los nombres son indicadores del nivel cultural, los nuevos indicadores dejan mucho que desear. La verdad es que Maracaibo era una ciudad lectora y productora de literatura, de eventos y de mucho movimiento en el mundo de las letras. Pero con el paso del tiempo y por razones que no entiendo aún el mundo cultural se fue apagando y ocultando.

Ya en el los últimos años empezaron a suceder dos fenómenos: a todo evento cultural sólo iban los mismos 20 que siempre van a todo lo que tienen que ver con arte (llámese "amigos de los artistas") o los mejores eventos nunca tenían suficiente promoción, por lo que nadie se enteraba. Y cómo culpar que no fuera la gente si no se enteraba, si todos los medios estaban demasiado ocupados con otros asuntos más serios, asuntos con monóculo y banderita, como para ocuparse de sandeces como la cultura y el arte.

Sin embargo, no hay que alarmarse. Maracaibo parece despertar en sus jóvenes. Pequeños movimientos por aquí y por allá ya se pueden sentir. Resalto aquí la labor de grupos como Per-versos y la labor de aquellos grupos aislados que están trabajando por la cultura de la ciudad.

El hambre de cultura despierta a los hambrientos. Maracaibo renace.

we all live in a yellow submarine!

Felicitaciones a todos :)


martes, junio 09, 2009

Por estos soles (2)





Por estos soles también anduvo Jusayú, el niño shuá, que hasta ayer lunes contaba, con un español bañado de wayuunaiki, historias de su pueblo. Del señor Miguel Ángel Jusayuú siempre me han sorprendido varias cosas. El hecho de que fuera un wayúu escritor no es gran cosa, tanta cultura poseen los wayúu que lo que sorprende y entristece es que no estemos nosotros bañados de sus soles. Más me sorprendió y aún me sorprende la determinación de, después de quedarse invidente a raíz de una enfermedad mal tratada, aprender a leer y escribir en braille y de ese mismo sistema valerse para lograr sus tantos reconocimientos académicos y literarios.

También me sorprendió y cautivó la magia con la que me contó que, hace mucho tiempo, cuando los animales hablaban, existió un mapurite que preparaba tabaquitos para vender. Los preparaba y los metía en una bolsa tejida, para luego viajar a Riohacha y venderlos en el poblado. Cierto día se encontró con un conejo, aprovechado y tramposo (como todos los conejos) que lo convenció, tras varias artimañas, de regalarle un tabaquito. Al rato, se disfrazaba de un animal distinto y volvía a presentarse frente al mapurite, que todos sabemos que es corto de vista, y lo engañaba birlandole otro tabaquito. Y así continuó el conejo hasta dejar al mapurite sin tabaquitos para vender. Mas tan tonto no era el mapurite, pues pensó y pensó y logró darse cuenta de que era el conejo el que lo había engañado. ¿Cómo?, pues ningún otro animal tiene las patas tan grandes y si bien las orejas las puede esconder, las patas jamás. Entonces el mapurite armó su venganza: preparó unos tabaquitos que, como ingrediente principal, tenían la muy famosa esencia de su cola: orine de mapurite.
De la misma manera que el día anterior, llevó sus tabaquitos por el mismo camino por donde se había encontrado al conejo. No fue sorpresa cuando éste, aprovechado, se acercó al mapurite con las misma artimañas.
- No hay problema, Señor Conejo, tengo un tabaquito especial para usted por ser tan buen cliente - le dijo el mapurite al conejo con toda amabilidad.
El conejo no perdió oportunidad, tomó el tabaquito, lo encendió, lo aspiró e inmediatamente sufrió las consecuencias: empezó a estornudar infinitamente.
El mapurite, satisfecho, vio como el conejo saltó y saltó hacia el horizonte, estornudando. También, con su corta vista, pudo ver a los hijos del conejo, y los hijos de los hijos del conejo, y los hijos de los hijos de los hijos del conejo que nunca pudieron detener la maldición,. Es por eso que, aún hoy en día, se puede ver a los conejos del mundo moviendo, eternamente, la nariz.

Este sol me regaló Jusayú, desde la alta guajira, un día en el centro de artes Lia Bermudez, en donde se dispuso a contar cuentos en el marco del Primer Encuentro de Literatura Infantil Zuliana, hace ya 3 años.

Sí, por estos soles, desde otros soles, anduvo y seguirá andando, Jusayú.

*También hablé de Jusayú, y de la sala de lectura en su nombre, en esta nota.

** Este cuento también está escrito en este libro.

martes, mayo 26, 2009

Por estos soles.




Son pocos los maracuchos que conocen al Lago de Maracaibo por su verdadero nombre: Lago Coquivacoa. No es fácil saberlo, tampoco. Es un nombre que se perdió en la memoria de los primeros pobladores, en las arrugadas y asoleadas mentes de los ancianos en la plaza Baralt, en los libros que nadie lee y en el canto de las olas en las riberas lacustres.

También son pocos los que saben que antes, cuentan los primeros pobladores, no había lago, sino un palacio enorme en donde vivía el dios Zapara (de donde sale el nombre de la isla tan visitada en vacaciones) y su hija Maruma. Se cuenta que cierto día Zapara salió de caza, pero tardó mucho y su hija, preocupada, se fue con arco y flecha a buscar a su padre y a ayudarlo. Su suerte fue que consiguió una presa antes de conseguir a su padre y, teniendo arco y flecha, se dispuso a cazarla. Lamentablemente para su reputación como cazadora, la presa fue atravesada por múltiples flechas antes de que ella lanzara alguna: otro cazador la había alcanzado primero. Maruma se escondió en los matorrales y esperó a que su rival apareciera. Un dios enemigo, un demonio, un ser extraño quizá; pero no. Apareció ante sus ojos un joven cazador, el hombre más bello que haya visto jamás. Maruma, para atraerlo, le cantó canciones y recitó poemas. El muchacho, encantado por la voz de la princesa divina, se enamoró perdidamente.
Juntos fueron al palacio, se encerraron en el cuarto, e hilaron pasiones y amores infinitos. Cantaron y recitaron poemas en un deleite espeso que los sacó de la realidad.
Mas ese mismo canto, ese mismo deleite, ese mismo embeleso fue los que los condenó. Enamorados, ciegos, no se percataron de la llegada del padre de Maruma, ni de cuando éste abrió la puerta, ni de cuando el mismo, de la furia incontenible que sintió, dio un pisotón tan poderoso que hundió palacio y terrenos cercanos en una gigantesca tronera que se fue llenando de los ríos que pasaban cerca, y se fue llenando, y llenando, hasta ser cuenca, hasta ser lago, hasta ser Coquivacoa; lago en donde apareciera, mucho después, la famosa tablita de la virgen de Chiquinquirá.
Los amantes, deleitados, placenteros, locos de pasión, se llenaron de agua pero nunca dejaron de cantar. Se llenaron del tiempo pero nunca dejaron de recitar; y es por eso que las olas de este extraño lago aún conservan cierta magia, como si cantaran, como si recitaran. Así también lo cuentan los poetas del siglo XX del Zulia que, encantados por este lago, dejaban salir sus palabras como olas de poesía.

O así lo cuentan los que aún creen que el lago no es sólo el lago de Maracaibo, no sólo una masa de agua ahora contaminada por petróleo, lemna, aguas residuales, desechos tóxicos y cuánta cantidad de basura. Es también un espíritu, un Coquivacoa, que en sus olas arrugadas nos recita: La realidad, sin su ficción originaria, no se sustenta.

miércoles, abril 29, 2009

Supongamos




Que quiero hacer una autobiografía para Per-versos, cuyo trabajo felicito, ya que es el único notorio que se hace en favor de la literatura en la región. De hecho, hice el ejercicio de autobiografía: me dispuse a suponer, en breves líneas, el transcurso de lo poco que llevo de vida.

Supuse, por ejemplo, que cuando nací me tragué todos los tornados de esta ciudad. Desde entonces soy el viento, pero de nada de esto me entero. El viento me lo dijo cuando tenía 11 años: que yo era el viento, que él era yo y que no me quedaba de otra.

Luego, fue el crecer en donde no tenía que estar. De pie, en tierra, entre concreto, con gente de concreto y bien concreta. Yo soy el viento, un volver todo el tiempo. ¿Qué hago aquí?

Me convertí en un error. Un error que contaba el cuento de no ser un error. Contaba el cuento de ser feliz de ser la E de la calculadora. La ecuación que no da. El viento. Error. Un disque haiku.

Pero ni modo.
Del error se hace un baile,
Eternamente.

Carlos J. Díaz
Kaze


Realmente fue una lástima el no poder participar. No pude confirmar mi deseo de asistir. Felicito a los que sí asistieron que, en maneras largas, a veces enredadas, a veces pobladas de hermosas imágenes, o a veces entre imposibles cavilaciones, tuvieron el valor de contarnos algo desde quienes son.

lunes, marzo 09, 2009

No sé en cuál escuché el eco de cuál.


En un arranque por leer poesía de la primera mitad del siglo pasado, revisé los poemas de María Calcaño. No estoy muy acostumbrado a leer poesía zuliana, así fue trago de licor desconocido para mí. Nada mal, sin embargo. No tardé mucho en embriagarme dulcemente. Sobretodo con un eco de no sé qué, de otro poema de Aurelio Asiain, que al leer al Calcaño, recordé.

Aquí el poema de María Calcaño:

¡Qué fina arena pisas que no rompe tu aliento!
donde se acuesta el viento
i hai una llamarada interna
que quema las voces.

Como los pájaros se duerman
caerá una lluvia fina sobre tus pasos
i alumbrarán mis hombros
i estaremos silenciosos
para que la risa nos dure.

¿Habrás de ser tú
el que buscará mi corazón?
¡Qué linda es la noche
sobre tu boca sin preguntas!

La espuma del mar salpicó tus miradas
cuando me amaste.

La lluvia te brilla en la boca
cuando soplan los vientos
i se llevan las nubes
tus pasos leves con la arena.

Te cubriré el rostro
con mi brazo desnudo.

María Calcaño, 1940

Y este el poema al cual me recordó:

DE QUÉ MODO SE ESCRIBEN LOS POEMAS

De qué modo se escriben los poemas,
no sabría decirlo y sin embargo,
como en el duermevela, la otra noche,
el sueño me vencía mientras riendo
me llamabas al día y yo bogando
entre dos aguas respondía es verde
la hiedra a tu pregunta por la hora
de irnos, y es tan lenta: desde dónde
me reía contigo agradeciendo
tenerte aquí a mi lado todavía
donde yo peso ahora y tú pesabas
cerca entonces, fluyendo, desde dónde
al disiparse me llamaba, urdimbre
de mi lumbre saciada, la espesura
sonámbula de sílabas de vaho
movida por la luna y la redonda
plenitud de tus nalgas en mis manos,
fruto de luz madura entre las sombras
donde sediento bebo sin saciarme
de ti, sumido en ti y a tus orillas
siempre llevado, a mis orillas, alba
de mí lo que no llamo con mi nombre
aunque lo llame mío ya en tu lumbre
desposeyéndome: saliva, labios,
humedad de mi aliento y ese tacto
mío con que te tocas, desde dónde
llamándome a mi pulso, mi extraviado
temblor de agua profunda en la que eres
estrellas en silencio, luz del fondo
en un pozo por el que yo desciendo
lamiendo las paredes, lenta fiebre
que busca demorándose la oscura
nuez de tu ano y tu sabor de savia:
yo soy en ti la hiedra y la adherencia
sedienta desatada, soy la oscura
avidez de lo oscuro, soy la lengua
y la sed reclamándote a la lengua
de tu piel, soy el hambre a la deriva
devorándose, lengua que claudica
de las palabras y mudez que guía
la voz del extravío, espesa urdimbre
que la luna evapora, soy la sombra
y la sed, soy la lengua y no sabría
de qué modo se escriben los poemas.

Aurelio Asiain.

No, no tengo una razón específica para relacionarlos. La verdad es que, dentro, hicieron eco con un no sé qué, que se hicieron eco entre ellos.

La imagen es de Ahermin, en Deviantart

miércoles, noviembre 19, 2008

La luna en el agua 06


Y bajo los pies.

Es muy poco lo que la gente de Maracaibo mira al cielo.

Probablemente, y con mucha razón, tenga que ver con el inclemente sol que se pasea entre las nubes, “dándose bomba”, de ser lo más apreciado de la ciudad. Seguramente el astro se creyó eso de que Maracaibo es “la tierra del sol amada”, pero nada de eso quiere decir que esta tierra ame al sol.

Debe ser por eso que incluso en las noches, cuando el sol se ha ido, el maracucho no note que ya el cielo cambió de color y de forma, que ahora tiene estrellas y que, además, hay una luna en lugar del sol. Puede que haya un miedo oculto en el maracucho de que esa bola blanca en verdad sea el sol disfrazado y que cuando pose su mirada en ella, se convertirá y volverá a derramar su sorprendente calor.

Pero la luna insiste. Y no bastándole con presentarse cada noche con un traje distinto en la calurosa ciudad, se coló también en la imagen religiosa más representativa del pueblo marabino: La virgen del Chiquinquirá.

Conocida también como “La Chinita”, esta representación de la virgen apareció cierto día reflejada en una tablita que llegó a las orillas del Lago de Maracaibo. Tal tablita la recogió una viejita que lavaba la ropa en ese momento. Fue grande la sorpresa que la anciana se llevó cuando, al llevar la tabla a su casa, ésta refleja en su superficie un grabado de una virgen que, cuentan las historias, brillaba. Desde entonces ha sido representada en varias ocasiones y formas. Siempre con su niño en brazos, su traje bicolor entre rojo y azul que recuerda a ciertos personajes de las barajas del tarot, y una luna creciente bajo sus pies.

Han pasado los años, esta ciudad de ha llenado de ladrillos y cables, de ilusos y plásticos, de páginas y memorias olvidadas; pero la Basílica de la Virgen del Chiquinquirá, lugar donde permanece la famosa tablita, sigue en pié; y también continua la Feria de la Chinita, que celebra su llegada a las orillas del lago, cada 18 de Noviembre. Con la feria llegan las gaitas, los tambores, una calle completa llena de luces y decorados de navidad, los amaneceres musicales en víspera del día de La Chinita, el juego de beisbol en su honor, los borrachos (hay quien dice que las ferias de la Chinita son bacanales), los toros y demás colores alegres y no tan alegres; y con todo esto también la luna celebra seguir bajo los pies del objeto a celebrar. Ahí, para que la miren.

Lamentablemente para la luna, a cada feria que pasa es menos lo que se mira a la virgen y más lo que se mira la muerte de los toros, el licor, el nuevo agregado amanecer reguetonero o vallenatero, las luces del encendi’o de Bella vista. ¿Será que el maracucho es un ser con un rechazo biológico a la luna y así a lo que ella representa? ¿Tendrá eso que ver con el marabino que le huye a las emociones profundas, plateadas, lunares? ¿El marabino que huye, huye y huye?

Aun así, téngalo por seguro, la luna no se rinde. Si ya apreció bajo los pies de la Virgen, seguramente ahora aparecerá bajo una botella de cerveza o bajo un los pies de un reguetonero. Porque la luna es así, como el agua, se mete entre las rendijas, entre los espacios más pequeños.

Siempre, por más que escape uno, tiene un agua, una luna, una emoción atravesada.

Por eso, yo, desde un principio, miro al cielo, o al agua.


Nota: Es cierto. No lo publiqué el lunes. Pero los que viven en Maracaibo entenderán que un lunes 17 de Noviembre es raro estar frente a un computador. Adjunto a la entrada les dejo este video de la feria del año pasado, a los que no son de Maracaibo les vendrá bien ver un poco del color de estos soles.

Carlos J. Díaz
Kaze

lunes, noviembre 03, 2008

La luna en el agua 04


Del lago de Maracaibo.



Se me ocurrió, mientras veía la sonrisa del gato de Cheshire sobre el obelisco de la plaza de la república, que la gente de esta ciudad podría tener cosas interesantes que decir sobre la luna. A todas estas, la literatura, los mitos y las cosmogonías las hacen los pueblos y este pueblo del lago es, definitivamente, uno. Entonces, pensé, seguramente habrá una luna muy interesante que descubrir en su imaginario. Fue por eso que les hice un seguimiento a unos cuantos, de distintos sexos, etnias, edades, y círculos sociales para poder registrar al astro que tanta curiosidad me da. Estos fueron algunos resultados.

Una estudiante de medicina aseguró que “la luna era de queso, pecorino, amarilla y con puntitos. Que hay días que sí tiene conejo, y hay otros días que no. Hay días que está en una cueva en la que no hay nada” Entonces sonrío y me dijo “Me cambió la vida, mucho. Pero ahora me da igual, le tengo aprecio. Claro, ya no estamos hablando de la luna – el satélite” Yo sonreí también, pues conozco a esa luna de la que hablaba la pre médico, pues también a mí me cambió la vida.

Otra estudiante, esta vez de letras, me dijo “Tiene control sobre todo, y uno no puede evitarlo” hizo una pausa, como recordando algo, y entonces concluyó “y da arrechera*”
Esa misma noche aproveché encontrarme con una amiga de una amiga, que no me conoce mucho, y le pregunté. Su respuesta fue “Ajá, ‘ta ahí. ¿Qué tenéis? ¿Estás tú con tu vaina de la wicca todavía?” Yo no respondí con más que una sonrisa.

Una de las respuestas más elaboradas la obtuve de un compañero de la biblioteca, el que me dio un discurso sobre la luna mientras ayudaba a un niño a realizar una maqueta de un Ipod de anime. Su respuesta fue algo así “Es el satélite de la tierra, el único que tiene. Rige los aspectos psíquicos del ser humano, porque rige el agua y el agua en el ser humano es el 70%. Además que el líquido es emoción, entonces rige todas las emociones de los humanos. Ahora, los seres auto realizados no dependen de la luna. Crean su propia luna interna para que la luna de afuera no los afecte. No dependen de los cambios. La luna hace eso, cambios. Cambia todo, la marea, las cosechas, los humores, todo. Pero los seres auto realizados trabajan con el sol. Así llenan de energía positiva a sus moléculas crísticas*. Los que trabajan con la luna son magos negros, llenan sus moléculas crísticas de la energía lunar, que es negativa. Es una energía fría, opaca, negativa, la de la luna. Aunque también es muy maternal”

En el segundo que me volteo, otra compañera de trabajo me da su opinión “La luna es una más de las cosas hermosas que creó Dios”

Los niños no tardaron en responder, ahí mismo formaron debate:

“Es bonita. La luna es muy bonita, cuando está llena. Ah, sí, y cuando está de piquito” Aquí debo acotar que sonreí, porque recordé la luna que me hizo escribir esta nota.

“Es un planeta congelado” Dijo otro de los niños.

“No sé, es una estrella” Dijo otra compañera de trabajo, y luego agregó “¿No tiene luz propia?”
“No, no tiene luz propia” Explicó la supervisora del personal “por eso es que tiene 4 fases, porque refleja, a distintos grados, la luz del sol”

Me sorprendió ver tantas opiniones diversas, de gente que reflexiona sobre la luna, gente que simplemente acepta las verdades ya dichas sobre la misma, o gente que la siente como representante de algo negativo. Pero lo cierto es que esta parece ser la luna de Maracaibo. Un baile en el lago que guarda historias íntimas, es de queso, planeta congelado, ente negativo que no tiene luz propia, y reina de las aguas y la magia negra.

Yo, particularmente me abstuve de dar mi opinión acerca de la luna en cada mini entrevista, ya que no quería ensuciar la fuente. Mas lo cierto es que para mí, la verdad, es todo eso y más. La luna es una vieja amiga, es un viejo, amor, es un planeta congelado en el interior (recordemos a las sombras y la luna del tarot), regente de las emociones y las aguas, y creación hermosa de quién sabe quién que se emborrachó la noche de la creación. Quizá Li Po fue Dios y creó a la luna en su borrachera, y finalmente fue tragado por su creación. Quizá ese sea el destino de todo creador. Quién sabe.

Pregúntele a la luna.

Carlos J. Díaz
Kaze




*Arrechera: en el dialecto marabino significa rabia. Personas de Colombia, respiren.
*Crísticas: aunque el DRAE no conoce el término, aparentemente tiene que ver con Jesús Cristo. Crístico es entonces aquello que viene o pertenece a Cristo.








** Aquí un video que realizó Nox para sondear la opinión del marabino sobre el lado oscuro de la luna. Lo que nadie supo era si se refería a Pink Floyd o a el "verdadero" lado oscuro de la luna.

*** Más sobre la luna y Li Po en Margen del Yodo

sábado, mayo 26, 2007

Palabras para el festival de poesía

Entro emocionado a la sala y me siento en la silla. Miro entonces alrededor y observo a los poetas, todos. Unas evangélicas, otras poco evangélicas, un viejo con piercings, una especímen raro de arrugas y pasiones sepias. Y Cortazar dijo:




Entonces me levanté y dije:

"Entre poetas
me innundo de palabras
pero soy ave"

Y como ave me fuí.

Feliz festival