Mostrando entradas con la etiqueta Haiku. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Haiku. Mostrar todas las entradas

miércoles, abril 29, 2009

Supongamos




Que quiero hacer una autobiografía para Per-versos, cuyo trabajo felicito, ya que es el único notorio que se hace en favor de la literatura en la región. De hecho, hice el ejercicio de autobiografía: me dispuse a suponer, en breves líneas, el transcurso de lo poco que llevo de vida.

Supuse, por ejemplo, que cuando nací me tragué todos los tornados de esta ciudad. Desde entonces soy el viento, pero de nada de esto me entero. El viento me lo dijo cuando tenía 11 años: que yo era el viento, que él era yo y que no me quedaba de otra.

Luego, fue el crecer en donde no tenía que estar. De pie, en tierra, entre concreto, con gente de concreto y bien concreta. Yo soy el viento, un volver todo el tiempo. ¿Qué hago aquí?

Me convertí en un error. Un error que contaba el cuento de no ser un error. Contaba el cuento de ser feliz de ser la E de la calculadora. La ecuación que no da. El viento. Error. Un disque haiku.

Pero ni modo.
Del error se hace un baile,
Eternamente.

Carlos J. Díaz
Kaze


Realmente fue una lástima el no poder participar. No pude confirmar mi deseo de asistir. Felicito a los que sí asistieron que, en maneras largas, a veces enredadas, a veces pobladas de hermosas imágenes, o a veces entre imposibles cavilaciones, tuvieron el valor de contarnos algo desde quienes son.

miércoles, julio 02, 2008

Luciérnagas




Mientras libaba – dícese del acto de beber – solo, tal cual Li Po con la luna, me dispuse a leer unos cuantos haikus. Luego de un rato de pasearme entre los momentos que tales poemas te presentan en su comprimida forma me dispuse a reflexionar un poco acerca de ellos.


Para aquellos que no lo sepan aún, un haiku es un poema, o estructura de poema, que proviene de la lejana tierra del sol naciente, y que consta de tres versos compuestos de 5, 7 y 5 sílabas, respectivamente. Esta estructura hace que la rima sea un dolor de partes poco agradables de nombrar, por lo tanto, hasta el sol de hoy, no he visto nunca un haiku con rima. Sin embargo, es ésta misma estructura la que los hace muy melodiosos. Leer un haiku es tocar una cuerda del Koto. Con todo esto, mientras seguía leyendo, notaba algo interesante a pesar de tener muy mal sabor: muchas veces un haiku traducido al español sonaba como tres oraciones puestas, una detrás de la otra, respetando una relación semántica: no tenían verdadera esencia. En la mayoría de los casos, esto sucedía con traducciones que, por razones lógicas que contemplan la dificultad de relación entre los dos idiomas, no respetaban la métrica tan estricta del haiku. No eran estos ni remotamente parecidos a los haikus traducidos por Octavio Paz, quién trato siempre de cuidar la métrica; los escritos por el mismo Benedetti, quién al no necesitar traducción no tuvo ningún problema; o los leídos en el idioma original, que a pesar de no entenderse… amigos, la melodía de un buen poema habla sola.
Bashô, uno de los máximos exponentes de este género, dijo alguna vez que “un haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”. Con esas palabras pude vislumbrar un poco las razones del dilema planteado. Un haiku tiene algo de mágico. Es, sin duda alguna, sin alusión a metáfora, un momento congelado en palabras. Cada vez que lees un haiku, destapas el momento que, si tienes suficiente sensibilidad y percepción, te dará la oportunidad de la contemplación verdadera. Algo muy relacionado a la meditación y el budismo, si uno lo piensa un poco.
Después de eso se me hizo claro: lo que le pasa a esos haikus que pierden su esencia es que, al traducirlos, el momento que la magia de las palabras ha contenido en la inmortalidad se ha escapado al deformar su contenedor. Al final de cuentas, un haiku es un momento como una luciérnaga inmortal, que ha sido atrapada en una botella, inmaculada e inquebrantable, de palabras.
Aquí anexo algunos intentos garrapateados (Palabra copyright de Cesar Chirinos) de haikus que he sentido.



1

Tumba del viento.
Cuando este se muera,
Un árbol será.




2

Fotografía
Tumbada entre sábanas


Ella sonríe.



3

Las papas verdes
Yo ni sé si son papas
Ni si son verdes




4

Diosa del cielo
Entre jazmín y bosques
Nut Nuit siempre es.


5
La Anaranta
Camina por las selvas
Y besa el árbol.




6

Espesa pena
Embarra mi corazón
Que no respira.




7

Todos tímidos
Ahí se quedan los sueños
Viendo la vida pasar



Carlos J. Díaz
"kaze"

martes, mayo 22, 2007

Navegación ocasional




Iba yo tranquilo, viento, caminando lo que pueda caminar. Miré entonces hacia mi pecho y abrí una puerta. En ella encontré un baulcito de piel de mariposa, que se abrió de muy buena gana ante un suspiro mío. Dentro del baúl encontre dos sílfides que dibujaron en el aire las siguientes palabras, en ese mismo orden:


"Respira ahora

Adentro y afuera

Rompe el espejo"


Y luego se dibujó...


"Murieron eras

pero el cielo y el viento

seguían ahí"




Con una sonrisa retorné la mirada afuera, lejos de mi pecho, y seguí dando clases o dibujando en las mentes casi ajenas.