domingo, enero 25, 2009

Con galletitas


- Aja, y ¿cómo haces con el miedo?
- Tú tranquilo. Lo invitas a tomar un té con galletitas.
- ¿Y si uno no es tan cortés?
- No le ofreces las galletitas.

Carlos J. Díaz
Kaze

miércoles, enero 14, 2009

Esta serpiente tiene dos cabezas - 02


Cada vez que me decía que retornaría a mis labores del blog, desde mis muy vívidas y vividas vacaciones decembrinas, me asaltaba una hallaca y, sin escapatoria posible, me obligaba a comerla.
Hoy, finalmente, acabé con la última de ellas, tomé el último trago de ponche crema, y quité las luces del pesebre. La señorita Anaranta se ha enterado de esto y, por lo tanto, me ha puesto aquí frente a la columna a ponerme a trabajar con mis propósitos del nuevo año.

Entonces aquí está lo prometido, la continuación del trabajo iniciado en el 2008, el libro de Darío Lancini.

Que con esto se terminen de cerrar las puertas de ese, ahora, viejo año.

Gracias por la paciente espera. Aquí tienen a Lancini:

Palíndromos con título:

NAVES
Son dioses ilusos.
Se van.
¡A babor! ¡A remar!
Al oír a Dante
Lao-Tsé revela el alba.
Homero es ídolo.
Solázalo, Sol.
Odiseo, remó.
Háblale al Everest
o al Etna, Darío.
La ramera robaba naves.
S.O.S.
Ulises, oídnos. Se van.

SÍSIFO
Pausado poeta,
lee.
Solo ibas,
sereno.
Tal poeta
yo soy.
Orad.
Ni paranoico
me emocionará
Píndaro.
Yo soy ateo,
Platón,
eres sabio
lo sé.
El ateo
poda su apoófisis.

¡OJO!
Lenin el ojo revive rasurada la
barba.
La paloma anida la Paz.
Era ruso vital. Repuso su redil.
Lenin el ateo pobre
puso su país -URSS-Rusia-, puso
superbo, poeta.
Lenin el líder usó superlativo
su rareza paladina.
Amó la palabra.
Balada rusa: "Revive, rojo Lenin,
el ojo..."


LA MAR
¡Ah! El anís es azul al ocaso.
Claro, la canícula hará mal.
Alejábase bello sol.
¡Sumerge la usada roda!
A remar.
¡A La Habana, bucanero Morgan!

Oleaje de la mar...
¡Al remo! ¡Corre!
Playas...
Ay, al perro comer la rama le
deja el onagro, morena cubana.
¡Bah! A la ramera adorada su
alegre muslo sol le besa.
¡Bajel a la mar! ¡Ah!
Alucina calor al cosaco.
La luz asesina le hará mal.

REY AYER
Lear gime: -Yo herido diré
hoy: Yo solo soy o dios o
loco. Oí mares y ares.
Eras, Edades, oíd a la turba:
-"Reo y rey... ah. Oye la ley,
o ataca. A dudar, ¡oh!
Ayer Lear era el Sol.
Lear aparecerá.
Para ellos Lear era el Rey.
Ahora duda. ¡Ataca! Oyer la ley."
-Oh, ayer yo era brutal.
Adiós, Edades. Ares era y será
mío o coloso ido yo solo soy.
Yo herido diré hoy: Emigra el
Rey ayer.


EDIPO
La turba brutal acata. Yo solo
pasaré.
Sus eras arrasaré.
Ve y oye, te dice.
¡Domina, Edipo, la torre
derrocada!
No yerres, Edipo Rey.
Oblígales a la paz.
¡Oh!, al nocivo Layo gimen. El
ara yo pasaré veloz o le verás
apoyar al enemigo.
Ya lo vi con la hoz. A Palas el
ágil boyero pide ser rey o nada.
¡Corre! ¡Derrótalo! Pide ánimo.
Decídete y oye. Verás, arrasaré
sus eras.
Apolo soy.
¡Ataca! La turba bruta lo pide.


ZEUS
Asoma, vate o poeta.
Vamos a soñar.
Átropos asoma.
Vamos a oír las Eras.
Oíd: Se ata,
se desata,
es ágil,
es Zeus.
Asoma Venus o nada
nos une.
Vamos a Suez.
Se liga,
se ata,
se desata:
es Dios.
Ares al río asoma.
Vamos a soportar años.
Asoma, vate o poeta.
Vamos a Suez.


SAGRADA SALOMA
Oye, falsario, oye, Judas, usé
joyas.
¿Odiará su amo las arcas?
Al río, yo el orador, de
paseo iba, solo iba.
¡Sinaí!, resonó tu acorde.
Paranoico Mesías, ¡oh!, a Dios
oirás.
La fe te mide, rey o rabí
cautivo.
Yo vi tui acíbar. Oye, redímete.
¡Falsarios, oíd!
Ah, ¿osáis emocionar a Pedro?
Cauto no sería, ni sabio.
Lo sabio es a Pedro dar óleo
y oír la sacra saloma.
Usa raído sayo Jesús -aduje yo.
Oirás la fe. Yo amo las adargas.


ARIES
¡Oír! Eso pitonisa dice:
-"Te paseas, ráfaga. Mal
año.
Todo de argén y oro se divisa
al alba
Hería la ácida saeta.
Sí, era reo. Lo dirá Zodíaco.
Ya dan oro, coronel Iván.
Irá zarina, cédela.
Nerón a ti te acoge, icono
caído.
Y eres acusado. No das ucase.
¿Rey o diácono ciego? ¡Cae, titán!
Oren.
Al edecán irá zarina, vil en oro
coronada."

-Yo caído zar, ídolo era.
¿Reís, atea sádica?
Al aire háblale así: "Vid es oro
y negra edad otoñal amaga. Farsa es
apetecida, si no, tipo serio se irá."


ACRA SACRA
Bar
Benigno ron.
IVRE: -¡Beban, aves! Yo bebo,
níveo Noé.
¡Vino!
(Y Noé llenó copas)
¡Salud al amor! Ganó la zorra
Noche.
Ríe, rata rara, la nave sacra
lene se va.
¡Sal y arroz a la cava, león!
Amo la pacífica paloma, Noé.
La vaca, la zorra y las aves
en el Arca se van al Ararat
a reír.
¡Eh! Con arroz al onagro mal
adulas, sapo.
Con el león, yo, níveo Noé,
vino bebo.
Y se van a beber.
¡Vino, ron, ginebra!
¡Barca Sacra!


AMOR NEOLATINO
Cada gorda cínica se daba
al abad.
¡Es Roma!, la abadesa irá.

-"Me van a reconocer".
A la droga se daba alegre.
-"Me adulas, amor. El poeta
oirá si me adulas, ¡amoral!
A la Roma la reumática la Luna
dábale luz
a Roma la secular
¡Ah, corred, amoral!"
Itálica famosa..., late la
duda; laico no conocí la fe.
Se daba. La abadesa se daba
a la droga.
Ríe. Reír es amar.
Ama, se ríe, reirá.
Se daba al oneroso reno la
zorra.
El abad anula la saturnal.
Ululan.
Acaba la bacanal.
Ululan.

RATAS A LA LUNA
Dábale arroz al oneroso reno
la abadesa.
Ríe. Reír es amar.
Ama, se ríe, reirá.
Gorda la abadesa sedaba al
abad.
Ese fálico no conocía la duda
letal.

Asoma fácil Atila.
Roma derrochará luces al
amor azul.
El abad anula la cita.
¡Muera la moral!
A Roma saluda emisario ateo:

"Plemora"-saluda.
Emerge la abadesa gorda.
La reconocerán.
¡Ave María!
Se daba. Al amor
se daba la abadesa cínica
drogada con Ítalo en Roma.


DIOS
Oíd.
Ahora dudará Roma.
INRI
Roma
INRI
¿Vive Dios?
A dudar.
¡Oh!

"Azul yo soy".
"Amo la parca saloma".
Raro murió Él.
Le oí.
¡Vive, rey!
Os amo.
Toda duda habla.
Os acosa.
Dudas:
¿Amar..., odiar?
Te das la fe falsa
Barrabás.
A Dios oí.


Dimas adujo:
"
Cínico
tu fe refuto.
Era rey
y
era reo.
Tu fe refuto
Judas.
A mi Dios oí"

Das a Barrabás
la fe
falsa
de traidor.
Amasa dudas:
¿Ocaso..., alba?
Ha dudado
Tomás.
¡Oye!
¡Revivió Él!
Le oí rumorar.


"Amo la sacra paloma".
"Yo soy luz".
Ahora
dudas

de vivir.
Ni
a morir
ni
a morar.
A dudar.
¡Oh!
¡Adios! Oíd...

martes, diciembre 02, 2008

Esta serpiente tiene dos cabezas - 01


Mi sorpresa fue grande cuando me enteré de que Darío Lancini era conocido en Japón. Aquí en Venezuela, país donde Lancini nació, esta es joya no muy conocida ni dada a leer entre los círculos de lectura.

Llegué a conocer su obra por pura casualidad cuando Neida Atencio, excelente escritora Zuliana de poemas para niños y adivinanzas, me mostró su libro. Quedé maravillado. Pero admito, con la cabeza baja, que por ser venezolano, no le presté demasiada atención. “Habrá mejores en otras partes del mundo” me dije.

Desde Japón, ahora, me dicen que no hay.

Es por eso que me doy a la tarea de, durante las próximas publicaciones, como regalo de navidad, mostrar a este escritor de palíndromos. La meta es transcribir, completo, su libro: Oír a Darío.



Palíndromos sin título:

Yo hago yoga hoy.


Yo sonoro no soy.

Yo corro, morrocoy.


Leí, puta, tu piel.

Adán alaba la Nada.


Adán no cede con nada.

Roma no cede con amor.

Adán aloja bajo la Nada.

Dábale amor a Roma el abad.

Abad, Ud. sin anís dudaba.


¿Son ruidos acaso diurnos?


Onán era rey y era renano.


Oirás la fatal plata, falsario.

No te comas la salsa, mocetón.


Son robos, no sólo son sobornos.


Sonrieron las acosadas ocas al no reírnos.

Abanico con amoníaco

cocainómano cocinaba.

Adán no cede con Eva
y

Yavé no cede con nada.


Adán no cede con amor

y
Roma no cede con nada.


Somos Adán y Eva

Yavé,

¿Y nada somos?

Atlas,

abre ya
los ojos
o la yerba
salta.

Salta

se liga

se ata
se desata
es ágil
es Átlas


Seas árbol

o dios

la fe
falso ídolo
brasa es.

Romano coloso

superbo
se sobrepuso

sólo con amor.

¡Ánimo!
Derrótalo
ya,
Colocolo
Cayó

la torre
¡Domina!

Palíndromos con título:

AMOR AZUL
Ramera, de todo te di,
Mariposa colosal, sí,
yo de todo te di.

Poda la rosa, Venus.
El átomo como tal
es un evasor alado.
Pide, todo te doy: isla,
sol, ocaso, pirámide.
Todo te daré: mar, luz, aroma.

EVA Y ADÁN
Al oírnos sonrió la Nada, Yavé.


ACIDA SAETA
Al abad anonadaba
la atea sádica.


ALÁ
Yo soy de Mahoma
el dios.
Oídle a Mohamed.
Yo soy Alá.


AMOR A DIOS
Ateo perecerá.
Paz.
Apareceré, poetas
Oíd a Roma.

LATO

¿Tres, seis o nueve?
Sólo se ve Uno,
ECO:
¿Dos o doce o nueve?
Sólo se ve Uno.
Sí, es SER Total.

AVES
Oros coge Ícaro
Llama, ora.
Cien aves se van
e Ícaro ama.
Llora, ciego coro.
Se vá.

ADÁN
¿Yo soy yo?... Dudo.
DIOS:
Ah, el ateo paranoico
me emocionará, poeta.
¿Le has oído? Dudó y
yo soy nada.

___ ___
___ ___
______
___ ___
______
Esto al sabio diré:
-Habla la Nike-
"Pasajero se corta

sus atroces orejas"

A Pekín al alba,
herido ibas, Lao-Tsé.
______
___ ___
______
______
___ ___
___ ___

___ ___
______

______
______
___ ___
______
Esto a las ateas diré:

"Hoy yo soy yo".
Sólo dile esto a Mao Tsé:
"El ídolo soy yo, soy yo".
Herid, saetas, a Lao-Tsé.
______
___ ___
______
______
______
___ ___


ODA
ROMÁN:En amoroso lecho,

honorable dama, hoy os ama
Román enamorado.
TERESA: Seré toda, Román,
en amor, ama soy. ¡Oh, amad!
EL BARÓN: ¡Oh! ¡Oh, celoso Román enamorado!


EL RÍO
Asoma Venus.

Osiris, ¡oh!
Asegurada la
balsa
río Elba

Fénix inefable
oirás
la balada.
Ruges, ¡ah!
Osiris os une.

Vamos a oírle.

SAETAS
Al no reírnos oh,
Camacho oirá en
la boda devorar
a su amada.
Droga le dieron.

No reí de la gorda
dama; usa raro

vedaddo balneario.
¡Oh, Camacho!
Sonrieron las ateas.

viernes, noviembre 28, 2008

Dance, dance, dance.



Bailo con dos, una desnuda y otra velada. La una de piel azul manchada de pintura de cielo, la otra con plumas secretas entre las telas. Bailo en ellas en el borde del precipicio. Y primero bailaba con la otra, en ese precipicio, sin miedo a la caída. Pero la una, que veía el baile desde un lugar seguro, quiso entrar al juego. Y bailamos: la una y un cuervo en su hombro, la otra con una promesa en su pecho; y yo: espiralado.

Luego de poco tiempo de bailar quedamos como quedamos: la una desnuda me halaba hacia el precipicio sonriente, la otra velada me alaba hacia la colina segura; la una desnuda me decía que todo estaría bien en la nada, la otra velada se mantenía callada con su mirada angustiada; la una me invitaba a la negrura, la otra me invitaba a descansar.

Mi decisión fue influenciada por las cosas que sucedieron luego. Halado por las dos, y alado por mí mismo, cerré los ojos y los abrí. Así se vio detrás de la una desnuda y detrás de la otra velada: con la una me esperaban las nubes y nieblas indescifrables e indecibles, con la otra me esperaba, ahora que la veo, una puerta enorme. Entonces decidí.

Carlos J. Díaz
“Kaze”

Imagen de Rene Magritte

lunes, noviembre 24, 2008

La luna en el agua 07



A la que siempre vuelve.

Seguramente, para algunos resulta evidente que el origen de esta nota es el tan sonado capítulo 7 de Rayuela, célebre novela de Julio Cortázar. La verdad es que sí, en un punto de partida, fue ese capítulo el que me llevó a escribir sobre la luna. Pero así como muchas otras cosas, como cuando el capítulo 7 dejo de ser mi favorito para ceder el paso al 93 “Pero el amor… esa palabra”; esta serie de notas pasó por muchas lunas, de muchos colores, como dice aquél haiku.

A mí, la luna en el agua, el espejo reflejado en el espejo, me recuerda a una imagen que solía ver cuando, de pequeño, me cortaban el cabello: habían espejos tanto frente a mí como detrás de mí, entonces podía ver una escena en donde mi ser, y todo lo que me rodeaba, era repetido infinitamente en el reflejo del espejo en un espejo. Estaba, sin duda, contemplando el infinito, ergo, estaba frente a Dios. Estuve masticando esta idea hasta ya adulto y aún no me la saco del sistema, mucho menos cuando leí, hace ya un tiempo, el mencionado capítulo. Desde entonces me he refugiado en la idea de que, tanto en la imagen de un espejo reflejando a un espejo, o la imagen de una cámara grabando lo mismo que refleja, o en un buen beso, estabas frente a la presencia del infinito, por lo tanto, de Dios.

En la luna en el agua sentí la divinidad, y la certeza de que estamos mucho más juntos de lo que pensamos.

Carlos J. Díaz
Kaze





Para cerrar, les regalo un cuento del budismo chan, que nos trae la luna de china.

Había una vez tres maestros chan llamados Yen Tou, Hsueh Feng y Chin Shan, que se reunieron para tener una charla. Señalando un cubo lleno de agua limpia, Hsueh Feng intentó hacer un comentario, pero Chin Shan se le adelantó recitando el siguiente verso “La luna llena está en el agua clara”.
Al oír esto, Hsueh Feng protestó diciendo “En el agua clara no hay luna llena”
El siguiente fue Yen Tou. Sin decir una palabra, dio una patada al cubo y se marchó.

miércoles, noviembre 19, 2008

La luna en el agua 06


Y bajo los pies.

Es muy poco lo que la gente de Maracaibo mira al cielo.

Probablemente, y con mucha razón, tenga que ver con el inclemente sol que se pasea entre las nubes, “dándose bomba”, de ser lo más apreciado de la ciudad. Seguramente el astro se creyó eso de que Maracaibo es “la tierra del sol amada”, pero nada de eso quiere decir que esta tierra ame al sol.

Debe ser por eso que incluso en las noches, cuando el sol se ha ido, el maracucho no note que ya el cielo cambió de color y de forma, que ahora tiene estrellas y que, además, hay una luna en lugar del sol. Puede que haya un miedo oculto en el maracucho de que esa bola blanca en verdad sea el sol disfrazado y que cuando pose su mirada en ella, se convertirá y volverá a derramar su sorprendente calor.

Pero la luna insiste. Y no bastándole con presentarse cada noche con un traje distinto en la calurosa ciudad, se coló también en la imagen religiosa más representativa del pueblo marabino: La virgen del Chiquinquirá.

Conocida también como “La Chinita”, esta representación de la virgen apareció cierto día reflejada en una tablita que llegó a las orillas del Lago de Maracaibo. Tal tablita la recogió una viejita que lavaba la ropa en ese momento. Fue grande la sorpresa que la anciana se llevó cuando, al llevar la tabla a su casa, ésta refleja en su superficie un grabado de una virgen que, cuentan las historias, brillaba. Desde entonces ha sido representada en varias ocasiones y formas. Siempre con su niño en brazos, su traje bicolor entre rojo y azul que recuerda a ciertos personajes de las barajas del tarot, y una luna creciente bajo sus pies.

Han pasado los años, esta ciudad de ha llenado de ladrillos y cables, de ilusos y plásticos, de páginas y memorias olvidadas; pero la Basílica de la Virgen del Chiquinquirá, lugar donde permanece la famosa tablita, sigue en pié; y también continua la Feria de la Chinita, que celebra su llegada a las orillas del lago, cada 18 de Noviembre. Con la feria llegan las gaitas, los tambores, una calle completa llena de luces y decorados de navidad, los amaneceres musicales en víspera del día de La Chinita, el juego de beisbol en su honor, los borrachos (hay quien dice que las ferias de la Chinita son bacanales), los toros y demás colores alegres y no tan alegres; y con todo esto también la luna celebra seguir bajo los pies del objeto a celebrar. Ahí, para que la miren.

Lamentablemente para la luna, a cada feria que pasa es menos lo que se mira a la virgen y más lo que se mira la muerte de los toros, el licor, el nuevo agregado amanecer reguetonero o vallenatero, las luces del encendi’o de Bella vista. ¿Será que el maracucho es un ser con un rechazo biológico a la luna y así a lo que ella representa? ¿Tendrá eso que ver con el marabino que le huye a las emociones profundas, plateadas, lunares? ¿El marabino que huye, huye y huye?

Aun así, téngalo por seguro, la luna no se rinde. Si ya apreció bajo los pies de la Virgen, seguramente ahora aparecerá bajo una botella de cerveza o bajo un los pies de un reguetonero. Porque la luna es así, como el agua, se mete entre las rendijas, entre los espacios más pequeños.

Siempre, por más que escape uno, tiene un agua, una luna, una emoción atravesada.

Por eso, yo, desde un principio, miro al cielo, o al agua.


Nota: Es cierto. No lo publiqué el lunes. Pero los que viven en Maracaibo entenderán que un lunes 17 de Noviembre es raro estar frente a un computador. Adjunto a la entrada les dejo este video de la feria del año pasado, a los que no son de Maracaibo les vendrá bien ver un poco del color de estos soles.

Carlos J. Díaz
Kaze

lunes, noviembre 10, 2008

La luna en el agua 05



En las noches, esas, que no están




Me salí del entramiento habitual para mirar la luna mientras tocaba una ocarina. Descubrí, con mucho agrado, que se me daba bien ese instrumento, aunque no fuese más que una réplica sacada de un juego de video. Lo cierto es que a la luna pareció gustarle mi tonada ya que, mientras tocaba, he sentido como me ha mirado ella a mí. Ah, bueno -me dije- entonces la miro yo a ella también.

Pero no pude evitar cerrar los ojos:



“Sólo para locos” Herman Hesse

Y justo después de mirar a la luna, abre la puerta y se entrega al humo, las luces tenues y todo ese jazz. Sonaba un tango, y ella estaba en la pista de baile, esperando para invocar un piso. Dejó el libro en una mesa, no se fijó de quién, y le dio la mano. Bailó el tango.

La ciudad no eras vos
No era tu confusión de lenguas
Ni de sexos
No era el cerezo que florecía – Blanco –
Detrás del muro
Como un mensaje de oriente
No era tu casa
De múltiples amantes
Y frágiles cerraduras.

La ciudad era ésta incertidumbre
La eterna pregunta ¿Quién soy?
Dicho de otro modo ¿Quién sos?

“De quién el tango” le preguntó. “De Cristina Peri Rossi” le respondió, se acomodó la falda, y se sentó. Él buscó un cigarrillo en su bolsillo y se lo dio. Ella lo encendió con el que se le acababa.

Pensó entonces en lo que le habían dicho, que la luna era un punto definitivo, ahí en la noche. Que las estrellas son puntos y seguido. Pero la luna no, la luna es definitiva. “Aja, ¿Y por qué se repite? ¿No es definitiva, pues?” Le dijo ella en medio de una bocanada de humo. “Qué se yo. Quizá lo definitivo se repite, para acabarse siempre otra vez”

Entonces se derritieron las paredes, la barra, la música, el humo. Sólo ella y él quedaron. Ella y él y un árbol que deshojaba páginas escritas. Ellas las miró caer. Él tomó una y la leyó.

“Te has ido
Y una luna sucia flota sobre el agua
Te has ido
Y ya no me queda nada por hacer
Solamente meterme al lago,
Coger con cuidado a la luna sucia
Y limpiarla con mi manga”

“De quién el tango” Preguntó ella “De Jairo Anibal Niño” Dijo él.

Entonces el piso se invocó. Era uno de agua. Él comprendió que no necesitaba tener raíces, el árbol aquél, que ya no tenía hojas sino plumas; y que ya no necesitaba mirar a la luna en el cielo, pues ella ahora bailaba, ahí, en el agua.

“… como una luna en el agua.”


Carlos J. Díaz
Kaze