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martes, octubre 07, 2008

Sueño 23

En vista de que se acabaron mis vacaciones, me dispongo de nuevo a escribir para los pocos que leen este blog y, más especialmente, para mí mismo. Comenzaré dejando un texto antiguo que, como invocación, prentende ser una cuerda que me saque del barro. No, no pregunten cuál barro. Sólo sientan.


No recuerdo haber abierto la puerta para cuando entré. Ya estaba dentro de todos modos, siempre lo estuve. Todo estaba hecho de ecos. Absolutamente todo. Mi respiración incluso era un eco de todos los tiempos.

Era un colegio. Una institución estudiantil que no tenía forma. Una academia llena de ecos, de paredes deshojadas.

De cenizas. De polvo.

Junto con el frío, me daban la bienvenida un verde claro, un blanco que perdió su juventud, arcoíris y niños felices mal dibujados, niños dibujados mal felices.

Un reloj de péndulo que está paralizado hacia la izquierda.
Un pupitre tan rayado que los mensajes se perdieron en la madera ajada.
Ventanas que pestañean la luz con polvo.
Yo.

- Has tardado – Dijo Andrea, porque ella no tiene otro nombre – Aquí tienes tu hoz – Y extendió ante mí una guadaña negra, preciosa, brillante, muerta. Ella vestía de luz. Andrea era luz – no digas nada. Mira, mira a los niños jugar.

Asomo mi mirada por la ventana. Veo un parque de niños: Rueda, puente, columpios, toboganes; en el centro de todo hay un pozo cuya luz reflejada en el agua describe la vida de su entorno que, tal como ella, está paralizada.

- Ya viste suficiente, es hora de que canten los pajaritos. Vamos, vamos, ¡a perder la vista!- Me regañaba con una dulce sonrisa.

Andrea, ella, tomó una venda, y la amarró a mis ojos.

- Despierta


Carlos Díaz
Kaze

lunes, abril 07, 2008

Nació viejo








Muy bien, amigos y amigas. He vuelto. Le vent ha vuelto. O yo, Carlos, Duilfo, ese mismo que delimita mi existencia. (Se pueden ahorrar los análisis psicológicos por ahora)




La razón por la que no había escrito, pues... no es relevante. Simplemente era necesario.


Lo relevante es que la crisálida se ha roto.




O por lo menos así me lo dijo él, el viejo.


Porque me encontré un viejo deshojado que me contaba cosas, que salvaba el mundo al cerrar los ojos, que creó el primer suspiro del mundo... que él era el viento.




Le creí ¿Por qué no? Hasta donde yo lo veía él podía ser el viento, aunque también podía ser Dios disfrazado de indigente, o buda que se dejó crecer la barba. Cualquiera que fuera, me agradaba mucho escuchar sus historias.




Cuando me conoció me dijo -Nada es más bonito que el otoño en Maracaibo - Mientras sonreía. Yo le dije que no existía tal estación en Maracaibo, y él me respondió - ¡Mira mi piel! es una hoja de otoño, yo soy otoño ¡Que lindo es el otoño en maracaibo!...




No los voy a aburrir con las historias del viejo. Lo cierto es que me hizo una pregunta que quisiera dejar aquí: -Muchacho, si en tus manos estuviera salvar el mundo ¿Lo harías? ... y si lo harías... ¿Por qué lo harías? Si me gusta tu respuesta te daré un pastelito.




Estaba muy rico el pastelito.




¿Qué dirían ustedes?