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miércoles, febrero 25, 2009

Dos cosas curiosas en el curioso caso de Benjamin Button




Una vez que ya lo sabes, que no van a explicarte la razón por la cual Button, en vez de envejecer, se hace más joven; lo aceptas, y empiezas a beberte la historia, sin más, tragando, si hay garganta, lo símbolos que abundan en la película.

A mí, en lo personal, me han impactado varios. Se han hecho su camino hasta el estómago de mi alma y han revuelto viejas sensaciones que necesitaban ser revueltas. Mas sólo hablaré de dos:

1) La muerte: Para algunos resultará más que obvio. La muerte es "un visitante común" en Benjamin Button, pero no debe dejarse en la simpleza de: la muerte va y visita a los distintos personajes de la historia. También está en todo el hilo narrativo de la película. La trama está constantemente muriendo, y esto dejó en mí una presencia de la muerte, una sensación de perdida tal, que sentí que algo de mí murió con la película. Y no hubo colibrí que salve.

2) El tiempo: Una hermosa metáfora pude hallar. Benjamin no estaba yendo en reversa al tiempo, de hecho estaba yendo en el sentido correcto. ¿Acaso no es lo viejo lo que precede a lo nuevo? Se me hizo muy evidente en la manera de vestir, y la manera de ser, además de los colores y actitudes que presentaba el personaje de Benjamin a medida que iba "Enjuveneciendo". A diferencia del resto de nosotros, Benjamin iba junto al paso natural del tiempo, el cual no envejece, sino que se renueva, constantemente. En ese sentido, irónicamente, nunca estuvo fuera de moda.

El renovarse: La clave para ser eterno, el ala del colibrí.

Las otras cosas que vi las guardo en una cajita. Son ese tipo de cosas que, mostradas, arruinan su belleza. Hay flores que sólo deben ser vistas a la luz de la luna.


Nota: Hay que leer a Fitzgerald, el creador del relato original.

lunes, noviembre 12, 2007

Time, o la parábola de una cosa que no se como se llama

Time:

Una película ha llamado mi atención. Tiempo, de Kim Ki Duk (Muy Coreano). La encuentro en uno de los puestos de “El pasillo” de la UCV, en mi viaje para ver a Jorge Drexler. La llego a ver un mes después de haberla comprado y, como en el momento justo, se dispara un mar de sensaciones desde la pantalla de mi Pc (Sí, no tengo otro lugar donde ver películas en mi cuarto. No, no tengo televisor en mi cuarto. No, no soy extraterrestre… no tanto).

La película, brevemente, cuenta la historia de una mujer que teme a que su novio se canse de ver el mismo cuerpo y la misma cara todo el tiempo, por lo que se torna paranoica y decide, muy lógicamente, hacerse una cirugía para cambiarse el rostro. Pero realmente estos hechos son la puerta a los diversos significados de la película, pues la misma esconde un universo de vacios para que uno juegue a colorear el mundo de los personajes. Es una obra de arte, que debe ser apreciada por aquellos que ven las películas para buscar algo más que una historia entretenida, pistolas, dibujos con chistes sarcásticos, o algún par de senos.

Es una metáfora del tiempo, que nos deja en el aire la pregunta que si tal mismo existe. Sí tiene dudas acerca del poder que tienen los relojes, de por qué se repiten las cosas en nuestras vidas, de por qué tenemos la necedad de ir contra el tiempo que nosotros mismos diseñamos, y de aferrarnos a cosas que ya no están ahí, deben ver esta obra.

Finalmente les dejo pensando sobre esta imagen (de la misma película y, al mismo tiempo, de un parque de esculturas real, en Corea). Observen las manos sosteniendo a la chica. Observen la escalera que esta deja en el infinito, observen las raíces en el agua. Sentí, cuando vi esta escena, que las manos eran el tiempo humano, el presente, abierto todo el tiempo, porque cerrado no nos podemos sentar en él; la escalera que se va hacia el infinito, es el tiempo futuro, siempre inexistente e inexplorable, solo imaginable; y debajo del agua o tierra, ya donde no se puede desenterrar (y desenterrarlo es una tontería que puede arruinar la base de la obra) esta el pasado, la memoria y los recuerdos. Entonces uno se sienta en donde están las manos abiertas, porque no es posible vivir en otro estado, porque no puedes vivir bajo agua o tierra, o en un lugar que no está hecho aún. Solo el presente nos abre las manos.


Los dejo por hoy. Nos vemos en unos días.




Kaze