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jueves, noviembre 19, 2009

Sección del Sr. H.



¿No es eso gracioso?



Que vayas caminando, la semana de la feria, y te encuentres con las ya muy graciosas pancartas promocionando la carnicería de los toros y justo al lado de estas encuentres una promocionando un espectáculo taurino infantil. ¿Acaso no es eso gracioso?

¿No es lindo?

Si tiene personas pequeñitas pegándole a los toros, payasitos y globos con figuritas - ¡mamá yo quiero una de toro! - Y el otro niño diciendo - ¡Y yo una de la oreja, yo quiero la oreja! - como premio por portarse tan bien, en un espectáculo que une a toda la familia en una tradición tan regionalísima y maracuchísima y con tanta zulianidad que no sabemos con qué se come. ¿Acaso no es eso lindo?

En serio, debe ser gracioso.


Sobre todo cuando los niños crecen con la costumbre de la sangre animal, y se conviertan en animales cazando animales, jugando a quién mata más gatos, perros, tachones, en la calle y se burla del hecho de estar manejando mal. Debe ser hilarante, maravillosamente divertido, vivir en una ciudad con gente furiosa todo el tiempo, dispuesta a pegar cuatro tiros a quien sea que se las tire de toro, o a la esposa cuando se pone con cómicas de becerro que no entiende la toreada. Ha de ser hilarante, lindísimo, ¡súper cute!


Seguro que tiene que ser gracioso, ¿no?


¿No es gracioso?















¡Pero está mal!



Y si todavía necesito explicarte las razones por la que está mal, entonces estás mal también, y debes revisarte la cabeza, o declararte irremediablemente maracucho y no tener ganas de mejorar el adjetivo.

Sr. H.

jueves, octubre 30, 2008

Sí, Roberto, va a salir en internet.


Roberto es el hijo de un pescador. Algunas mañanas salen a las cinco, cuando las estrellas ya se están arropando, para ver qué consiguen. Me asegura, ante mi incredulidad, que el lago sigue atestado de peces. "No serán muy sanos" me dice "Pero aja, profe, a veces no hay qué comer"
Su lanchita es de madera. No tiene nombre. Sólo una red vieja que, muchas veces, él mismo ayuda a arreglar. Si no se arregla los peces no se quedan ahí, y se van. Quedan atrapados entonces en la red verde, que es la lemna. "Pero si hace rato que no veo lemna, Roberto, y mucho menos peces muertos en la superficie del lago" le dije, y le reafirmé que era por eso que creía que el lago no tenía peces, que se murieron en la última ola de contaminación. "¡Ah broma profe! Si no hubieran peces ¿Qué comeríamos? Además, a veces, como nos cansamos del pesca'o, hacemos trueques en el abasto" me replica "y bueno, profe, cambiamos dos pesca'os por un fresco"

Me contó que, cuando mucho, agarraban treinta peces en una buena pesca. Esto, en la economía de Playa Macuto (barrio en donde vive Roberto) son quince cocacolas.

Una buena mañana son quince cocacolas.

Recordé, con cariño, a Julio Ramón Ribeyro. Pincha aquí para leerlo.

Roberto no va a la escuela. Alguna excusa con los padres que no pueden, la falta de interés y la desmotivación. A todas estas, Roberto, tendría que estar estudiando con chicos mucho menores que él, y eso no lo entusiasma mucho. Por eso Roberto va a la biblioteca, y me pide que le muestre el mundo.

Las páginas se abrieron entre sus dedos durante todo Agosto y Septiembre. Aún lo veo por ahí.

"¿Esa foto va a salir en interné, profe?" Me preguntó cuando se la tomaba.
"Sí, Roberto" Le dije el pasado Agosto, "Va a salir en internet".

Carlos J. Díaz
Kaze


* Tomado de mis notas en Facebook.